Ruiz de Alarcón, Juan. La industria y la suerte
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La industria y la suerte
Ruiz de Alarcón, Juan
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La industria y la suerte
La industria y la suerte
Juan Ruiz de Alarcón Prepared for the University of Virginia Library Electronic Text Center.
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LA INDUSTRIA Y LA SUERTE
Personas que hablan en ella:
Don JUAN de Luna, galán
ARNESTO, galán
Don NUÑO, galán
Don BELTRÁN, viejo grave
JIMENO, criado de don Juan
SANCHO, criado de Arnesto
AGÜERO, vejete, escudero
Doña BLANCA, dama
SOL, dama
CELIA, criada de Sol
JULIO
CRIADOS
LA INDUSTRIA Y LA SUERTE
ACTO PRIMERO
[Salen don JUAN y JIMENO, a un lado; y al otro,ARNESTO y SANCHO]
JIMENO:
¡Que este mercader impida
tu amoroso pensamiento!
SANCHO:
¡Que quiera estorbar tu intento
este desnudo! ¡Por vida!...
JUAN:
¿Qué he de hacer? Tener paciencia.
Esté de mi parte Amor;
que yo tendré en mi favor,
aunque pobre, la sentencia,
ARNESTO:
Agora que a Blanca aguardo,
Sancho, no es buena ocasión,
Y por mi reputación
Me detengo acobardo;Que ésta es la Lonja, y recelo
lo que en Sevilla perdiera
de crédito, si riñera
con ese pobre mozuelo.Salga mí adorada fiera
de la iglesia; que pretendo
acompañarla, y entiendo
que también don Juan la espera; que en el suceso veré
lo que puedo hacer en esto.
JIMENO:
¡Ah!, ¡qué a quien se llama Arnesto,
El cielo riquezas dé!Pero siempre lo verán.
Señor, si quieres ser rico,
en Justino o Federico
trueca el nombre de don Juan;que la fortuna crüel
siempre al noble aborreció.
Mas al fin, ¿te prometió
Agüero dar el papel?
JUAN:
Sí, Jimeno.
JIMENO:
¿Y qué le diste?
JUAN:
Dos doblones que tenía.
JIMENO:
¿Recibiólos?
JUAN:
No quería.
JIMENO:
Mas, en efecto ¿venciste?
JUAN:
Sí.
JIMENO:
Ya sale Blanca hermosa.
JUAN:
Con su padre. ¡Ah triste suerte!
SANCHO:
Ya sale.
JIMENO:
¿No has de atreverte?
JUAN:
La pobreza es tan medrosa,que aun para la cortesía
falta el ánimo. [Salen doña BLANCA, con manto, BELTRÁNy AGÜERO]
BELTRÁN:
Señor,
¿dónde vais?
ARNESTO:
Este favor
me habéis de hacer.
BELTRÁN:
A fe mía,que me enoje.
JIMENO:
Llega agora,
mientras porfían los dos. [Habla don JUAN por un lado a doña BLANCA aexcusas de los demás]
JUAN:
Dos años ha que por vos
vivo sin alma, señora.
BLANCA:
Dos años ha que lo sé.
JUAN:
Pues con que vos lo sepáis,
hermoso dueño, le dais
bastante premio a mí fe.
ARNESTO:
(¡Ah celos!) [Aparte]
BELTRÁN:
Pues no os queréis
a mi petición quedar,
Blanca os lo ha de suplicar.
BLANCA:
Yo os suplico que os quedéis.
ARNESTO:
Yo os obedezco; mas presto
si puedo. Os habrá pesado
de que yo me haya quedado.
BLANCA:
No os entiendo.
BELTRÁN:
Adiós, Arnesto.
ARNESTO:
Señor don Beltrán, adiós. [Vanse doña BLANCA, don BELTRÁN yAGÜERO]
JIMENO:
Blanca te volvió a mirar.
ARNESTO:
A solas tengo que hablar
cierto negocio con vos.
JUAN:
Aquí estoy.
ARNESTO:
Venid conmigo. [Vanse los dos]
SANCHO:
(Esto es hecho. A reñir van.
[Aparte]
Bien haré, si a don Beltrán
Este suceso le digo.) [Vase]
JIMENO:
Ellos van desafïados.
Sus deudos quiero avisar;
que impedir, y no ayudar,
toca a los buenos crïados. [Vase. Salen SOL y CELIA]
CELIA:
Toda te vas despeñando.
SOL:
Ya lo sé.
CELIA:
Enmienda tu error.
SOL:
Más puede errando el amor
que la razón acertando.
CELIA:
¿Tú no has visto su desdén,
y sabes que no te quiere
Don Juan?
SOL:
Sí.
CELIA:
¿Sabes que muere
Por doña Blanca?
SOL:
También.
CELIA:
Pues resuélvete, y porfía
a vencer tu propio daño
a fuerza del desengaño.
SOL:
Eso fuera, Celia mía,si como para juzgarlo
hay ojos en la razón,
hubiera en el corazón
fuerzas para ejecutarlo. [Sale JIMENO]
JIMENO:
Tu padre ¿está en casa?
SOL:
No.
JIMENO:
¿No está en casa?
SOL:
Esta mañana
a un negocio a Cantillana
partió.
JIMENO:
Juráralo yo...
SOL:
Detente.
JIMENO:
Yo lo jurara,
porque si agua he menester,
una gota no ha de haber
por un ojo de la cara.
SOL:
Habla, Jimeno: ¿qué es esto?
JIMENO:
Un negocio bien pesado.
Al campo, desafïado
va tu primo con Arnesto.
SOL:
¿Qué dices? ¡Ay desdichada!
¿Mi primo don Juan?
JIMENO:
Don Juan.SOL:
¿Y sabes adónde van?
JIMENO:
Hacia el campo de Tablada. [Vase]
SOL:
Por Blanca riñen. ¡Ay triste!
¡Mal haya! Celia, ¿qué hare?
CELIA:
¿Qué has de hacer?
SOL:
¡Qué bien se ve
que nunca de amor supiste! ¿Podré, cuando pierdo el seso
por don Juan, cuando se abrasa
el alma, aguardar en casa
el fin de aqueste suceso?
CELIA:
Pues ¿qué quieres?
SOL:
Pues está
mi padre ausente, querría
irlo a ver.
CELIA:
¡Que desvaría,
Señores!
SOL:
Pues, ¿qué? ¿Serámuy grande exceso?
CELIA:
En tu estado,
¿puedes hacerlo mayor?
SOL:
Tan ciego estado de amor
no mira razón de estado.
CELIA:
Oye...
SOL:
No me persüadas.
CELIA:
La opinión quieres perder.
SOL:
¿Quién nos ha de conocer
cubiertas y disfrazadas? [Vanse. Salen don JUAN y ARNESTO]
JUAN:
Pedís una sinrazón,
siendo notorio que he sido
primero en la pretensión.
ARNESTO:
Ni guarda razón Cupido,
ni a mí me falta razón.si sois primero en amor,
yo soy primero en favor.
JUAN:
Pues básteos, Arnesto, el sello,
sin que queráis ser por ello
privilegiado amador.Pues yo, que primero fui
en amar a Blanca bella,
amarla no os impedí,
no me impidáis el querella
vos, por más dichoso, a mí.
ARNESTO:
Amar o no amar, depende
de la voluntad del uno;
y aquél que comprar pretende,
no tiene derecho alguno
hasta que quiera el que vende.Y así, aunque di mi querella
yo después a Blanca bella,
con justa causa os impido,
pues haberme ella querido
me ha dado derecho en ella.
JUAN:
Pues si de ella sois amado,
¿Por qué os receláis de mí?
¿Teméis veros derribado?
Al que subir no impedí
¿contrastaré levantado? Pues estáis favorecido,
gozad, con verme perdido,
el colmo de ese favor;
que la gloria al vencedor
¿quién la da sino el vencido?Dejad que en mi tema esté,
porque el mal que me lastima
al bien vuestro aumento dé;
que la salud más se estima
cuando un enfermo se ve.y si estáis airado y fiero
porque yo por Blanca muero,
¿qué venganza más mortal
que ver que me quiere mal,
y a vos bien, la que yo quiero?No me pidáis demasías.
ARNESTO:
Yo, aunque me lloréis desdén
en amorosas porfías,
don Juan, nunca estuve bien
con esas filosofías.Y así es mi resolución
que no queráis lo que quiero
con razón o sin razón.
JUAN:
Aunque pese al mundo entero,
seguiré mi pretensión.
ARNESTO:
Mataréos.
JUAN:
No haréis, no.
No temo bríos bastardos.
El noble nunca temió.
¿Pensáis que es deshacer fardos
matar hombres como yo?
ARNESTO:
¡Ojalá que no tuviera
yo más que vos que perder,
y que un hombre pobre fuera,
que mí valor os hiciera
con esta espada entender!Y así, don Juan, no me asombro
de vos, ni animoso os nombro;
que en perderos, ¿qué perdéis,
supuesto que no tenéis
más que la capa en el hombro?Por esto no me conviene
mataros yo; que otro habrá
que por mí esa lengua enfrene;
que este privilegio da
el dinero a quien lo tiene. [Quiere irse ARNESTO, detíénele donJUAN]
JUAN:
Aguardad; que es disparate
que yo este lance dilate.
Yo mismo mataros quiero,
ya que no tengo dinero
para que otro por mí os mate. [Va a sacar la espada]
ARNESTO:
Tened, don Juan. Esperad.
JUAN:
¿Con qué intento me sacastes
al campo, de la ciudad?
con ser rico, ¿imaginastes
dar miedo a mí calidad?Sacad la espada.
ARNESTO:
No fue
mas que de decíros esto
la intención con que os saqué.
JUAN:
Vuestra obligación, Arnesto,
bien clara en eso se ve.Si fuérades caballero,
del duelo y del desafío
no ignorárades el fuero;
pero yo, que lo soy, quiero
Cumplir como debo el mío. [Saca la espada]
Sacad la espada. [Sale don BELTRÁN]
BELTRÁN:
¿Qué es esto,
don Juan? [Arnesto, en viendo a don BELTRÁN, saca laespada]
ARNESTO:
Apartad.
BELTRÁN:
Arnesto,
deteneos.
ARNESTO:
Si no llegara
don Beltrán, yo castígara
vuestras arrogancias presto.
BELTRÁN:
Pues a tan buen tiempo vengo,
baste ya.
ARNESTO:
Por vos me abstengo,
abrasado el corazón.
BELTRÁN:
Ponéisme en obligación...
(Mas al que calla me atengo.) [Aparte]
Pues ¿qué ha sido? Que quisiera
que mí venida luciera.
Dadme los dos las dos manos
¿Tan honrados ciudadanos
se arriesgan de esta manera?
ARNESTO:
Si don Juan promete hacer
lo que pido, en mi amistad
siempre el primero ha de ser.
JUAN:
Yo no lo he de prometer.
ARNESTO:
Pues, don Beltrán, perdonad. [Vase]
BELTRÁN:
¿Qué es esto, don Juan? ¿Qué es esto?
¿Sabes que estás de este modo
a todo este pueblo opuesto?
Y digo a este pueblo todo,
Pues todo lo manda Arnesto.
JUAN:
Sé que yo soy caballero,
y cuando el lugar entero
a Arnesto agradar intente,
es un hombre solamente
fabricado de dinero.¿Qué tengo que saber más?
BELTRÁN:
Más tienes. Te certifico
que en la tierra donde estás,
es el linaje del rico
el que a todos deja atrás.No se opone a la riqueza,
si es pobre, aquí la nobleza;
que si he de decir verdad,
dineros son calidad...
Y la pobreza es vileza.Mira, no te desenfrenes
fïado en tu sangre noble;
porque él, si a contienda vienes,
más amigos tendrá el noble
que gotas de sangre tienes.En la corte son factores
aquellos grandes señores,
con razón, de la nobleza;
que como en ellos se empieza,
defiéndenla sus autores;mas como en este hemisferio
es el uso más valido
tratar y buscar dinero,
a todos es preferido
aquél que lo halla primero.Y así, mientras pobre fueres,
el ardiente orgullo doma,
y pues que tan cuerdo eres,
mientras en Roma estuvieras,
vive a la usanza de Roma.Perdóname, que aunque lejos
de culparme no estarás
que yo te dé estos consejos
sin pedirlos, ya sabrás
la licencia de los viejos. [Vase]
JUAN:
¡Qué apacible consejero,
para estar desesperado!
También está declarado
por el bando del dinero.¡Ved qué esperanza tendré,
después de esto que le he oído,
de que a mí por bien nacido
su hermosa hija me dé! [Sale JIMENO]
JIMENO:
Señor.
JUAN:
Jimeno.
JIMENO:
¿Qué ha habido?
JUAN:
Habiendo tenido al lado
un tan valiente crïado,
¿ué puede haber sucedido?
JIMENO:
Si vi que sólo venía
contigo Arnesto, señor,
¿no afrentara tu valor
si te hiciera compañía?
JUAN:
Si tuviera prevención
en el campo mi enemigo,
¿fuera bien seguirme?
JIMENO:
Digo
que seguirte era razón; mas viendo que si tenía
prevenida la emboscada
Arnesto, sola mi espada
corto socorro sería,para avísallos busqué
tus deudos; mas fue buscar
fuego en las olas del mar.
pues como ninguno hallé,desde la ciudad aquí
he venido en solo un punto.
En este rostro difunto
verás si volé o corrí.Y aunque por campo y ciudad
atrás el viento he dejado,
como Santelmo he llegado
después de la tempestad.
JUAN:
Si yo menester lo hubiera,
tarde el socorro venía,
y a un pobre, nuevo sería
que a buen tiempo le viniera.Todo lo que aquí pasó
claro sin decirlo está,
Jimeno, pues sabes ya
quién es él y quien soy yo. También sabes la ocasión,
pues sabes que a Blanca bella,
como yo muero por ella,
él también tiene afición.
JIMENO:
Pues ¿qué quiere el mercader?
JUAN:
Cuanto quiera alcanzará,
porque tanto poder da
en esta tierra en tener.
JIMENO:
Y para impedir tu amor,
¿en qué funda su derecho?
JUAN:
Dice que Blanca le ha hecho,
pimero que a mí, favor.
JIMENO:
¡Blanca favor!
JUAN:
No lo creo.
JIMENO:
Pues bien lo puedes creer
él rico, y ella mujer...
Paréceme que lo veo. [Salen SOL y CELIA, tapadas, y don NUÑO]
NUÑO:
Creyendo voy que a Tablada
me habéis sacado a reñir;
que bien os pueden servir
los ojos de ardiente espada.Pero que habéis quebrantado
el uso común advierto;
que primero me halléis muerto,
y después desafïado.De prodigiosa os preciáis,
pues cuando sin vida estoy,
como vivo hablando voy,
y como muerta calláis.
CELIA:
Éste es don Juan.
SOL:
(¡Gloria a Dios, [Aparte]
que sin peligro le vi!)
Señor don Nuño, hasta aquí
pude valerme de vos.Agora, por cortesía
os suplico que os quedéis.
NUÑO:
¿Posible es que me dejéis
sin mí y sin vos, gloria mía? ¡Que aun el nombre no merezco
saber!
SOL:
Si más porfiáis,
no merecéis y cansáis.
NUÑO:
Por merecer obedezco.
JIMENO:
Aquí viene bien mi ayuda;
que somos dos y ellas dos.
NUÑO:
(¿Qué me quieres, ciego dios? [Aparte]
A Don Juan buscan sin duda.¿Qué tormenta es ésta, cielos,
y qué repentino ardor?
Aún no hay centellas de amor,
¿y ya hay volcanes de celos? ¡Después que me has abrasado,
me mandas, fiera, quedar!
Seguiréte hasta cobrar
El alma que me has quitado.) [Vase]
CELIA:
Volvernos a la ciudad
sin hablarle, es lo mejor;
que aunque es la causa su amor,
el efecto es liviandad.
SOL:
Es parecer acertado.
Cúbrete bien. [Echan a andar]
JIMENO:
¡Vive Dios,
que van huyendo las dos!
JUAN:
Con eso me han obligado a sospechar y seguir. [Síguelas]
Aguardad, señora mía.
Decid, ¿para qué salía
al campo quien ha de huir? ¿No respondéis? Mas crecida
sospecha agora me dais;
que por algo receláis
ser en la voz conocida.Y al paso de ese recelo
en mí el deseo se enciende,
pues el muro que os defiende
es un delicado velo.Corred. Mas no lo corráis;
que ya por lo transparente
he visto cuán justamente
de avergonzada os tapáis.¡Vos sois mi prima! ¿Qué es esto?
Sol, ¡vos salís de esta suerte! [Descúbrese]
SOL:
A ver tu vida o tu muerte.
¿Qué has tenido con Arnesto?
JUAN:
¿Yo con Amesto?
SOL:
Enemigo,
pendencias por Blanca son.
Mira que de tu traición
te da el amor el castigo.Mira bien que su hermosura
no iguala con mi firmeza,
y no es mayor su belleza,
aunque es menor mi ventura.Mira que te quiero más
que tú a Blanca. Ver te obligue
que huyes de quien te sigue,
y tras de quien huye vas.
JUAN:
Repórtate, vuelve en ti;
que estoy confuso y corrido
de ver que hayas excedido
de tu obligación así.¿Tú, doña Sol, ¡caso feo!
de esta suerte sales fuera?
Por Dios, que no lo creyera.
y lo dudo aunque lo veo.¡Tú, doncella principal!,
has de rogar, aunque mueras,
a un hombre! ¡Ah!, ¡si bien supieras
Cuánto pareció más malDido ofreciendo al Troyano
las glorias de tu belleza,
que pagando su flaqueza,
muerta con su propia mano!
SOL:
Si yo, falso, comenzara
rogándote con mi amor,
fuera bien que tu rigor
mí liviandad acusara.Mas si por haber tratado
los dos nuestro casamiento,
justamente el pensamiento
toda el alma te ha entregado; viendo burlar mi esperanza,
esto que he hecho, traidor,
no es solicitar tu amor,
sino culpar tu mudanza. Y así no es razón que arguyas
de livianas mis porfías,
ni que finjas culpas mías
para disculpar las tuyas.
JUAN:
Sol, en injustas razones
estriba tu sentimiento
y en un vano fundamento
la obligación que me pones.Tú no te has certificado
a qué salí con Arnesto,
ni tienes más razón de esto
que la que tú has sospechado.Pues mi obligación, bien sabes
que no de ser menor;
que palabras en amor
son las prendas menos graves. Tratámonos de casar.
Tratamos, yo lo confieso;
si me quisiste por eso,
la suerte debes culpar;pues tu divina belleza
prohíbe a mí voluntad,
por ser nuestra calidad
igual con nuestra pobreza.
SOL:
Cuando empezaste a tratarlo,
¿cómo en eso no míraste?
JUAN:
Sí miré; mas no ignoraste
que entonces, para intentarlo,toda la esperanza mía
etuvo sólo fundada
en la herencia que la armada
de las Indias me traía.Hízola un furioso viento
tesoro inútil del mar
con que fue fuerza mudar,
si no el amor, el intento.Que nuestros deudos han sido
de este parecer de suerte,
que aun el hablarte y el verte
estorbarme han pretendido.Así que, a no poder más,
mudo intento. Si pudieres
haz lo mismo; que si quieres,
mujer eres, y podrás. [Vanse don JUAN y JIMENO]
SOL:
Ruego al cielo, pues permite,
crüel, tu injusto rigor,
o que me quite el amor,
o que la vida me quite. [Vanse doña SOL y CELIA. Sale AGÜERO,con un papel cerrado]
AGÜERO:
El rizado mozalbito
casco-alegre y pie-liviano
no advierte que hay escribano
que huele a legua un delito,y jueces tan enteros,
que por esta liviandad
me traerán por la ciudad,
hecho un arzobispo, en cueros.Pues luego, ¡Blanca codicia
del amor el dulce trato!
No vive con más recato
una beata novicia. ¡Que don Juan me ponga en esto!
¡Vive Dios, que estoy tentado!
Mas mi palabra le he dado.
En obligación me he puesto. Dios me libre; que esta moza,
según es dura y crüel,
temo que de este papel
me fabrique la coroza. [Sale doña BLANCA]
BLANCA:
Agüero
AGÜERO:
Señora mía.
BLANCA:
¿Qué hay de nuevo?
AGÜERO:
Esa belleza
qu admira naturaleza
por más nueva cada día. ¡Ay Blanca!, que la ciudad
toda alabaros procura.
El mancebo la hermosura,
el viejo la honestidad.¡Ay!, que sé que tierno y firme
alguno en vuestra afición...
BLANCA:
Basta ya de adulación.
¿Tenéis algo que pedirme?
AGÜERO:
No; que daros, sí, por Dios,
porque a vos, señora mía,
¿quién os ve, que no querría
darse todo entero a vos? Bien parece que no oís
los suspiros y las quejas
que estas paredes y rejas
despiertan mientras dormís. Por Dios, que estoy ya cansado
de mil buenos que a mí vienen
a decirme el mal que tienen,
de vuestros ojos causado. Quizá piensan que su amor
he de deciros. ¡Mal año!
Que de vuestro pecho extraño
no saben, cual yo, el rigor.Que si no fuera por eso,
fundara en vuestra belleza
de renta mayor riqueza
que dicen que tuvo Creso.Que aun hoy a mí se llegaba...
BLANCA:
Sacadme de ese aposento
Un libro.
AGÜERO:
(¿Qué pensamiento --
[Aparte]
cuando al de amor la guiaba --
al mejor tiempo me impide?)
BLANCA:
¿No vais?
AGÜERO:
¿Qué libro os agrada?
BLANCA:
Dadme a Fray Luis de Granada.
AGÜERO:
(Bien con mi intento se mide.) [Aparte]
[Vase]
BLANCA:
Él tiene alguna embajada,
según sospecho, que darme
y es ley de mi honor mostrarme
tan esquiva y recatada,aunque la curiosidad
con fuerza me solicita. [Sale AGÜERO metiando el papel en el libro]
AGÜERO:
(El que la ocasión me quita,
[Aparte]
me la ha de dar en verdad.El billete pondré aquí;
que aunque el libro es santo y bueno,
en vaso de oro el veneno
se suele esconder así.)¿Es éste, señora? [Dale el libro]
BLANCA:
Él es.
No leyendo, mucho aciertas.
AGÜERO:
Tres tienes, y en las cubiertas
los conozco todos tres. (A solas quiero dejalla
[Aparte]
que pierda el miedo al honor;
que con los solos amor
hace más bien su batalla.) [Vase y doña BLANCA empieza a leer]
BLANCA:
"Capítulo..." Al fin Agüero
se fue sin decirme nada.
Él temió verme enojada.
Cobarde es para tercero.Un curioso pensamiento
altera mi corazón,
o centellas de amor son
las inquietudes que siento.Porque ¿dónde hay fortaleza
para poder resistir
dos años de combatir
con amor y con firmeza? [Abre el libro y halla el papel]
Pero ¿qué es esto? ¡Papel
sin sobrescrito y cerrado!
Ya entiendo. El libro me ha dado
Agüero, y lo puso en él,y por eso me dejó
a solas, según advierto.
Como cazador experto,
puso el lazo y se escondió.¿Si es de don Juan? Pierdo el seso
Por verlo; mas no quisiera
que Agüero de mí entendiera
tan no acostumbrado exceso.Cerrado viene. ¿Qué haré?
Mas pues sola me ha dejado,
con la traza que he pensado,
disimularlo podré [Abre el papel]
Que cerrando otro papel
de la forma que éste viene,
pues sobrescrito no tiene,
podré engañarle con él,rompiéndolo, sin abrirlo,
En su presencia. Esto es hecho. [Lee la firma]
"Don Juan de Luna." Del pecho
sale el alma a recebirlo. [Lee]
"Si fue contingente el veros,
fuerza fue, Blanca, el amaros,
sin remedio el olvidaros,
imposible el mereceros.
Entre combates tan fieros
nunca la desconfïanza
en mi amor hizo mudanza;
y en pocas veces se ve
que no enflaquezca la fe
donde falta la esperanza.Pero yo, que sólo atiendo
a amar, y no a merecer,
Blanca, en pudiéndoos querer,
alcanzo lo que pretendo.
Y así, aunque vivo muriendo,
nunca os pediré la vida
ni que estéis agradecida;
mas sólo que permitáis,
pues que vos misma obligáis
aquereros, ser querida.Don Juan de Luna." ¡Qué leo!
¿Son versos, amor, o son
flechas para el corazón
y rayos para el deseo?a responder soy forzada;
que amante y correspondida
es necedad conocida
el morir de recatada.De Agüero no hay que fïar
los secretos de mi honor;
que tiene poco valor
para saberlos callar.Pero buena traza es ésta.
el mismo viejo he de hacer
que se la dé, sin saber
que se la da, la respuesta. [Escribe y habla lo que sigue]
"A tan hidalga porfía
fuera crueldad la esquiveza.
Agradezco tu firmeza,
justa ocasión de la mía.
Al balcón de mediodía
a medianoche te espero,
donde hablarte a solas quiero;
que en las cosas de opinión
lvianos testigos son
Un papel y un escudero." Mi amor se determinó.
cerrarélo de manera
que este papel no difiera
del que don Juan me envió;que así no ha de conocello
el viejo; y si por mi daño
don Juan no entiende el engaño,
no vengo a arriesgar en elloMás que un pliego de papel. [Mientras ha dicho esto, ha cerrado el papel comoestaba el de don JUAN]
Pues sólo mi padre vio
mi letra, y no he puesto yo
razón conocida en él.Agüero. [Asómase AGÜERO a la puerta]
AGÜERO:
Señora.
BLANCA:
Entrad.
AGÜERO:
(El diablo me hizo alcahuete. [Aparte]
[Muéstrale su billete]
BLANCA:
¿Pusistes este billete
vos aquí? Decid verdad.
AGÜERO:
Yo lo puse.
BLANCA:
¿Para qué?
Acabad. ¿En qué dudáis?
AGÜERO:
Para que vos lo leáis;
que enojaros recelé;Y porque palabra di,
obligado y condolido
de don Juan de Luna, ha sido
forzoso dárosle así.
BLANCA:
No habéis tenido razón
en lo que intentado habéis,
pues con sólo eso ponéis
mi opinión en opinión.Y si no mirara yo,
villano, lo que perdiera
con sólo que se supiera
que nadie a tal se atrevió,llevárades, os prometo,
tantos palos, que otro día
a una vil esclava mía
no perdierais el respeto.Pasar sin castigo puede,
por el primero, este error;
mas porque de él en mi honor
ningún escrúpulo quede [Dale el papel]
volved a don Juan cerrado
su billete; que con eso
su locura y vuestro exceso
viene a quedar remediado.
AGÜERO:
Haré lo que me mandáis.
(El vil oficio maldigo
[Aparte]
y a quien más lo usare.)
BLANCA:
Digo
que a don Juan se le volváis.
AGÜERO:
Lo que una vez me dijistes,
¿cuándo a mí se me olvidó?
BLANCA:
Mirad que he de saber yo
Si en su mano se la distes.
AGÜERO:
Darle. El papel le pondré,
Señora, en sus propias manos.
(¡Ay, doblones soberanos,
[Aparte]
qué poco tiempo os gocé!) [Vase. Sale don NUÑO]
BLANCA:
Hermano.
NUÑO:
Blanca querida,
por remedio vengo a ti.
BLANCA:
¿De qué, don Nuño?
NUÑO:
¡Ay de mí!
No menos que de la vida.
BLANCA:
Pues habla.
NUÑO:
Aunque es mi intención
a tu estado desigual,
ser mi peligro mortal
da justa dispensación.Yo estoy, para que concluya
y sepas mi triste estado,
Blanca mía, enamorado.
BLANCA:
¿De quién?
NUÑO:
De una amiga tuya.Sol, de mi mal causa bella,
salió al campo de Tablada;
y aunque la vi disfrazada,
seguíla hasta conocella.Basta decir que la vi
para haber dicho que muero,
y el remedio no lo espero,
si no me viene de ti.Procura estrechar con ella
la amistad, hermana mía,
porque con tu tercería
venga mi amor a vencella.
BLANCA:
Mirar por tu vida es justo.
NUÑO:
De que irás a visitarla
mañana quiero avisarla.
BLANCA:
Disponlo, hermano, a tu gusto.
NUÑO:
Advierte que con don Juan
de Luna trata de amor,
según sospecho.
BLANCA:
(¡Ah traidor!) [Aparte]
¿Quién?
NUÑO:
Doña Sol de Guzmán.
BLANCA:
¿No son primos?
NUÑO:
Deudos son,
pero no son tan cercanos,
que para darse las manos
aguarden dispensaci6n.
BLANCA:
(Muerta soy.) [Aparte]
NUÑO:
Digo que adviertas
que trata con él amores.
Porque de hacerle favores,
como puedas, la diviertas. [Vase]
BLANCA:
¡Hola, Agüero! Ya se ha ido,
ya mi papel le habrá dado.
¡Que pueda haberme engañado
el que tan constante ha sido! ¡Que el amor en persuadirme
toda su fuerza pusiese,
y en la otra mano tuviese
la causa de arrepentirme!¿Qué he de hacer, ya declarada,
si ve el papel? ¿Qué he de hacer
sino morir o vencer,
celosa y enamorada? [Vase. Salen ARNESTO y SANCHO, de noche]
ARNESTO:
No se atrevió el escudero
a llevarle un papel.
SANCHO:
¿No?
Si Agüero no se atrevió,
téngolo por mal agüero.
ARNESTO:
Dice que es tan virtüosa,
tan honesta y recatada,
que la devoción le agrada
solamente.
SANCHO:
¡Extraña cosa!
ARNESTO:
Tanto más loco me veo.
Blanca con la resistencia
don Juan con la competencia
encienden más mi deseo,y a quitar inconvenientes
me resuelvo.
SANCHO:
Bien harás.
ARNESTO:
Pues oye. Tú buscarás,
Sancho, dos o tres valientesde estos que pagados dan
muertes y heridas; que quiero
hacer sin riesgo al dinero
homicída de don Juan.
SANCHO:
Eso es fácil. La memoria
quiero recorrer señor.
(¿Por dónde puedo mejor
[Aparte]
dar triste fin a mí historia?Que él es rico, y su pecado,
él no, yo lo he de pagar,
pues la soga ha de quebrar
siempre por lo más delgado. Diréle que sí, y fingiendo
inconvenientes, el daño
dilataré; que el engaño
más seguro es concediendo.)¡Gloria a Dios, que me he acordado!
un hombre llamarte quiero,
que es de Madrid, y el primero
por lo valiente y callado.
ARNESTO:
Eso es lo que he menester.
¿Y cómo se llama?
SANCHO:
Cid,
por mal nombre.
ARNESTO:
¿Y de Madrid?
SANCHO:
¿Pues de dónde puede ser, sino del lugar felice
en que el rey de España nace
quien no diga lo que hace,
y quien haga lo que dice?
ARNESTO:
Búscalo luego.
SANCHO:
De mí
puedes fïar.
ARNESTO:
Muera, ingrata,
el que de celos me mata.
Quizá me querrás así.
SANCHO:
Sí; que no son pedernales
sus entrañas, y ya creo
que te quiere.
ARNESTO:
¡Ay Dios!, que veo
contra mí muchas señales;que mañana, dice Agüero,
que a doña Sol de Guzmán,
la parienta de don Juan,
va a visitar la que quiero.mira si es bien de temer
esta liga.
SANCHO:
No, señor,
que don Juan a tu valor,
¿qué competencia ha de hacer? Si con poder la regalas,
si con galas la festejas,
¿correrá don Juan parejas,
aunque amor le dé sus alas?
ARNESTO:
Bien dices. Quiero servilla
públicamente.
SANCHO:
Eso sí.
ARNESTO:
Mi amor será desde aquí
la fábula de Sevilla,quizá la publicidad
engendrará amor en ella.
SANCHO:
O al menos vendrá a vencella,
si no amor, la vanidad.
ARNESTO:
Pues avisa a don Julián
por la mañana, al gallardo
don Francisco, a don Bernardo
y a don Pedro de Luján.No quede al fin caballero
que conozcas por mi amigo,
Sancho, que no hagas testigo
de que enamorado muero;y que para festejar
a la que adoro, quisiera
que a caballo y de carrera
todos me fuesen a honrarmañana.
SANCHO:
Déjame hacer,
y descuida; que si alcanza
don Juan alguna esperanza,
mañana la ha de perder.
ARNESTO:
Aderécenme el overo
con rizos, cintas y galas;
que sus pies han de ser alas
con que vuele al bien que espero.Oye. ¿Es reloj?
SANCHO:
Sí, señor.
ARNESTO:
Cuenta.
SANCHO:
Dos. [Sale doña BLANCA, a una ventana]
BLANCA:
(Entre las glorias [Aparte]
de tus mayores victorias
puedes poner esta, Amor.Gente veo. Mi invención
sin duda entendió don Juan.
Él y Jimeno serán;
que son dos.
SANCHO:
Las doce son.
ARNESTO:
Quedo, Sancho.
SANCHO:
¡Vive Dios,
que hay en el balcón de Blanca
un bulto con toca blanca!
BLANCA:
(Él llega.) [Aparte]
SANCHO:
(Mujer sois vos.) [Aparte]
ARNESTO:
Quiero hablar...
SANCHO:
Muda, señor,
la voz; que por dicha es
su padre el bulto que ves,
y lo blanco el tocador.Y es cosa que ha sucedido
requebrar a la mujer
un amante, y responder
con una bala el marido.
ARNESTO:
¿Es Blanca?
BLANCA:
¿Quién es?
ARNESTO:
Señora,
a tal hora, ¿qué dudáis?
¿A quién, sino a mí, aguardáis
en ese balcón?
BLANCA:
(Agora
[Aparte]
estoy ya cierta que es él,
y que mi papel leyó;
que en esto señas me dio
de lo que dice el papel.) ¿Es don Juan?
ARNESTO:
No me obliguéis,
con preguntarlo, a pensar
que a otro podéis aguardar.
(¡Ah enemiga!) [Aparte]
SANCHO:
(¿Esas tenéis?) [Aparte]
BLANCA:
Yo os respondí agradecida,
don Juan, a vuestro cuidado;
pero ya de haberlo estado
me hallaréis arrepentida,porque he sabido después
que a doña Sol, vuestra prima,
estimáis, y ella os estima;
y si acaso el interésde mi dote os ha obligado
a fingir aquí afición
teniendo allá el corazón,
engañáis muy engañado;que si para mi marido
sois pequeño todo vos,
¿ué será si entre las dos
estáis, don Juan, dividido?
ARNESTO:
Hermoso dueño, escuchad.
SANCHO:
(Mátala a celos.)
[Aparte]
[Salen don JUAN y JIMENO]
JIMENO:
Dos son
Y están hablando al balcón.
BLANCA:
¡Que viene gente! Callad.
JUAN:
(¡Vois sois, Blanca, la crüel, [Aparte]
la esquiva, la recatada,
la que me volvéis airada
sin leerlo mi papel!
JIMENO:
(¡La santica! ¡Fuego en ti!) [Aparte]
JUAN:
¡Si es Arnesto, vive Dios!
Pues estamos dos a dos,
que hemos de acabar aquíel desafío. Esta vez
propone a Blanca el amor
por premio del vencedor,
siendo ella misma el jüez.
JIMENO:
Si están solos, verás presto
la calle desocupada.
pero tener emboscada
es sin duda, si es Arnesto.
JUAN:
¿Ya temes?
JIMENO:
No me acobardo;
que prevenir no es temer.
Déjame reconocer
primero el campo. [Vase]
JUAN:
Aquí aguardo.
SANCHO:
El uno se va, y sin duda
el otro que se ha quedado,
pues guarda el puesto, ha envïado
a llamar gente en su ayuda.
ARNESTO:
Bien dices.
SANCHO:
Y es de inferir
que quien tan cerca se ha puesto
viéndonos en este puesto,
tiene gana de reñir.
ARNESTO:
¿Si es don Juan?
SANCHO:
Sin duda alguna,
y Troya ha de ser aquí.
ARNESTO:
Oye, pues me tiene a mí
Blanca por don Juan de Luna,para desacreditarle
con ella, Sancho, lleguemos,
y las espadas saquemos
para echallo de la calle;y en sacándola don Juan,
huyamos.
SANCHO:
De buena gana;
que es la industria soberana. [Sacan las espadas]
BLANCA:
¡Triste de mí! A reñir van.
ARNESTO:
Sancho, callando ha de ser,
para no ser conocidos
de él ni de Blanca. [Embisten a don JUAN, y él saca la espada, yse acuchillan]
La ventaja os pudo hacer;mas presto la de mi espada
arrepentir os hará. [Vuelve JIMENO]
JIMENO:
El diablo anda suelto.
BLANCA:
Ya
está la cuestión trabada. [Éntranse huyendo ARNESTP y SANCHO, y trasellos don JUAN]
Mas ¡cielos! ¿Qué es esto? ¡Dos
huyen de uno! ¿Has olvidado
la sangre que has heredado,
Don Juan?
JIMENO:
Pues huyen, por Dios, que no he llegado muy tarde.
A ellos.
BLANCA:
Huyendo van.
¡Ah, quién te viera, don Juan,
antes muerto que cobarde! [Vanse]
FIN DEL PRIMER ACTO
ACTO SEGUNDO
[Salen ARNESTO y SANCHO]
SANCHO:
Pues estás determinado
a servir y festejar
a Blanca, y a publicar
en Sevilla tu cuidado,embiste con osadía,
habla en cualquier ocasión.
Mira que enemigas son
la dicha y la cobardía.Y más cuando pienso yo
que con tu ingrata querida
irá don Juan de caída
con lo que anoche pasó;porque habiéndose logrado
la invención, es caso cierto
que cuando no se haya muerto
el fuego, se habrá aplacado,si ya en amoroso ardor
por don Juan Blanca vivía;
que nunca en la cobardía
halló incentivo el amor.
ARNESTO:
Bien se hizo.
SANCHO:
¡Enredo extraño!
Don Juan quedó por cobarde.
ARNESTO:
Y nuestro silencio tarde
dará luz al desengaño.
SANCHO:
Falta, pues Blanca creyó
que don Juan de Luna ha huido,
darle a entender que tú has sido
quien de la calle le echó.
ARNESTO:
Dices bien.
SANCHO:
Pues la ocasión
no pierdas con Blanca hermosa;
que siempre fue poderosa
la primera información. Ella ha de salir agora,
que a doña Sol de Guzmán,
la parienta de don Juan,
va a visitar, y ya es hora. Al bajar de la escalera,
llega al encuentro; y así
hasta el coche desde allí
te escuchará, aunque no quiera, sin que te cause cuidado
que su padre te verá;
que en ello no se tendrá
don Beltrán por desdichado,Pues pretendes para esposa
a Blanca, y hoy no hay mujer
que no se pueda tener
con tu mano por dichosa.
ARNESTO:
Ella baja.
SANCHO:
Y según veo,
solamente la acompaña
Agüero. Con dicha extraña
vela a su fin tu deseo,Pues para lograrlo, así
Fortuna el lance te ha puesto. [Salen doña BLANCA, con manto yAGÜERO]
BLANCA:
¡Vos aquí, señor Arnesto!
ARNESTO:
¿Cuándo yo no estoy aquí?
¿Cuándo, señora, ofendí
La fe con que el alma os doy?
Y yo, mientras vivo soy,
Decidme vos, ¿cómo haré
que con el cuerpo no esté
donde con el alma estoy?Preguntadlo a esos balcones,
testigos noches y días,
ya de las razones mías,
ya de ajenas sinrazones;
que en algunas ocasiones
han visto que no temí,
por no apartarme de aquí,
competencia aventajada;
si bien le debo a mi espada
lo que vos, ingrata, a mí.Yo no fuera tan osado
que la cuestión comenzara;
que la sombra respetara
de esta casa por sagrado.
Solo adoraba callado
vuestros balcones; y el brío
del contrario desvarío
fue quien me vino a obligar
a quitarle su lugar
para defender el mío.Perdonadme, y de Cupido
ved la extraña condición,
pues os pido a vos perdón,
cuando fui yo el ofendido.
BLANCA:
No os entiendo.
ARNESTO:
Ni he entendido
yo que entenderme podáis,
porque vos, Blanca, no estáis
en la ventana a deshora;
pero dígolo, señora,
para cuando lo entendáis.
SANCHO:
(¡Oh qué bien!) [Aparte]
BLANCA:
(¡Que Arnesto fue
[Aparte]
más valiente que Don Juan!
¡Cuán diferentes están
los afectos de mi fe!)
Perdonadme que no esté
más de espacio; que el lugar
no es decente, y el estar
aguardando la visita,
de la obligación me quita
de responder y escuchar.
AGÜERO:
El coche.
ARNESTO:
Mi pensamiento
nunca tanto presumíó,
que quisiese parar yo
el coche al sol un momento;
antes, señora, me siento
tan lejos de ser altivo,
que puesto que solo vivo
mientras vuestra luz me dais,
yo mismo, para que os vais,
he de quitar el estribo.Ésta es la prueba mayor
que os puedo dar de obediente;
y más cuando al occidente
partís, Blanca, de mí amor.
Mi paciencia a mi dolor
han igualado los cielos,
pues ayudan mis recelos
a que vaya esa hermosura
donde muere mi ventura
y donde nacen mis celos.Mas consuélame, señora,
que vais donde en vuestro amor,
si tengo competidor,
tenéis vos competidora.
BLANCA:
También es enigma agora
lo que habláis.
ARNESTO:
Aun bien que estima
de suerte al Sol de una prima
cierta Luna en que os miráis,
que es fuerza que allá entendáis
en sus aspectos mi enima.
BLANCA:
(¡Todos saben que ha querido [Aparte]
Don Juan a su prima, y yo
sola soy quien lo ignoró!)
Adiós.
ARNESTO:
Yo no me despido;
que seguir pienso atrevido
ese sol, pues mi fortuna
se muestra tan importuna,
que quiere, señora mía,
que me huya el sol de día
como de noche la luna. [Vanse doña BLANCA y AGÜERO]
SANCHO:
¡Tomaos ésa! Tan discreto
Y tan agudo has andado,
Señor, que triste he quedado.
ARNESTO:
¿Triste?
SANCHO:
Triste.
ARNESTO:
¡Extraño efeto!
¿Por qué?
SANCHO:
Como en un sujeto
nunca se han visto caber
la ventura y el saber,
viéndote sabio, hago cuenta
que es tu riqueza violenta,
y vendrás a empobrecer.
ARNESTO:
Por dar lisonja presente,
futuro mal pronosticas.
Cuando de sabio te picas,
¡alabas tan neciamente!
A su dama un elocuente
dijo, "Sabia sois de modo
que a creer no me acomodo
que sois bella." Y respondió,
"Necio, más quisiera yo
que lo creyérades todo."Y porque, cuando se ofrezca,
hables menos ignorante,
oye. Caso es repugnante
que el sabio pobre enriquezca;
pero también que empobrezca
el sabio, sí vez alguna
llega a enriquecer, repugna,
supuesto que es menester
para conservar, saber,
si para alcanzar, Fortuna.
SANCHO:
Don Beltrán es éste.
ARNESTO:
Quiero
Poner en ejecución,
pues se me ofrece ocasión,
mi intento.
SANCHO:
Vitoria espero.
con dicha, industria y dinero,
seguro vas a atreverte.
ARNESTO:
Prevén el caballo.
SANCHO:
Advierte
que sus mudanzas duplica
de suerte, que pronostica
la mudanza de tu suerte. [Vanse. Salen don JUAN y JIMENO]
JUAN:
Jimeno, yo soy perdido.
Cierto es mi daño, Jimeno.
uanto sucede, me quita
la esperanza del remedio.
Con la visita que hoy hace
Blanca a Sol, del todo siento
perdidas mis pretensiones
y precitos mis deseos.
JIMENO:
¿Por qué, señor?
JUAN:
Porque Sol,
necia de amor v de celos,
con Blanca ha de procurar
descomponer mis intentos;
y si finezas creídas
de dos años no pudieron
alcanzar de ella un favor,
considera cuánto menos
lo alcanzaré cuando crea
que engañoso la pretendo,
poniendo en ella los ojos
y en otra los pensamientos.
Procurar satisfacerla
es en vano; porque si entro
a verla estando con Sol,
me amenazan sus excesos.
Si no gozo esta ocasión,
ha de confirmar por cierto
que quiero a Sol, y no entré
temeroso de sus celos.
Pues si Blanca -- que es posible --
la visita con intento
de hallar ocasión de hablarme,
¡triste de mí si la pierdo!
Y más si acaso el buscarla
y el humanarse es efeto
del valor que anoche vio
en mi espada y en mi pecho.
Pero no; que no es posible
causarle agradecimiento
quitarle su gusto a ella
y dar disgusto a su dueño.
Mil confusiones me anegan.
Aconséjame, Jimeno;
que yo entre celos y amor
imito ya al marinero
que, con los fieros combates
de las olas y los vientos,
sin fuerzas tiene el timón
y sin sentido el gobierno.
JIMENO:
Ya llega Blanca, y será
sin duda el mejor acuerdo
que en este zaguán le digas,
al pasar, tus sentimientos;
y en su respuesta, en su acción,
en sus ojos, en su aspecto
conocerás sus designios,
y te regirás por ellos.
JUAN:
Bien dices.
JIMENO:
Ella se apea.
JUAN:
Déjame solo, Jimeno;
que ya sabes por mí mal
cuán recatado es mi dueño. [Apártase Jimeno]
JIMENO:
Contigo, a la obscuridad
de este rincón me encomiendo. [Salen BLANCA y AGÜERO]
JUAN:
Aquí os aguarda, señora,
el más leal escudero;
que, pagándole tan mal,
no es poco milagro serlo.
BLANCA:
Señor don Juan, siempre vi
que para subir al cielo
del sol, es fuerza encontrar
el de la luna primero.
JIMENO:
(¿Celos?) [Aparte]
BLANCA:
Y viendo la noche
correr tanto, dije, luego
a la conjunción del sol
irá a parar como a centro.
JUAN:
No corriera así la luna,
a no ser forzada a ello;
que ese cielo, primer móvil,
la obligó a cursos violentos.
BLANCA:
¿Adónde vais?
JUAN:
A serviros.
BLANCA:
Mirad que sois luna, y temo
que se ha de eclipsar el sol,
don Juan, si delante os llevo.
JUAN:
Quisiera más una blanca.
BLANCA:
Quedaos aquí
JUAN:
Porque pienso
que os canso, y que os serviré
más en quedarme, me quedo
aguardando a que volváis,
si bien que os mudéis no espero.
BLANCA:
Sola esa falta os conozco.
JUAN:
¿Cuál?
BLANCA:
No esperar.
JUAN:
Antes creo
Que os obligo...
BLANCA:
Don Juan, nadie
alcanzó jamás huyendo. [Vanse doña BLANCA y AGÜERO]
JIMENO:
¡Bien haya quien te parió,
y bien haya el monedero
que supo batir a escuras
Blanca de tan alto precio!
JUAN:
¿Qué te parece?
JIMENO:
Que indigno
de Blanca te considero,
si te quejas de tu estado.
¡Con qué estilo tan discreto,
con qué cifras tan agudas,
con qué equívocos tan nuevos
te ha sabido dar favores
y de Sol pedirte celos!
¡Con qué términos tan propios,
tan breves y verdaderos
prosiguió la alegoría
de la luna, el sol y el cielo!
No como algún presumido,
en cuyos humildes versos
hay cisma de alegorías
y confusión de concetos,
retruécano de palabras,
tiqui-miquí y embeleco,
Patarata del oído
y engañifa del ingenio;
que bien mirado, señor,
es música de instrumentos,
que suena y no dice nada.
Pero ¿de qué estás suspenso?
JUAN:
Ponderando las razones
y meditando el aspecto
de Blanca, temo otras cifras,
y sospecho otros misterios
de los que hemos entendido,
engañados del deseo.
Que decir, "Viendo la noche
correr tanto, dije luego,
a la conjunción del sol
irá a parar como a centro;"
y esto con un tonecillo
a lo falso, no lo entiendo.
"¡Correr tanto!" Motejarme
de "correr mucho", siguiendo,
no viene bien.
JIMENO:
Antes sí
pues te dio quejas en eso,
hablando irónicamente
de tu engaño y de sus celos.
Porque fue decirte claro,
¿cómo es posible que el mesmo
que riñe tan animoso
y que sigue tan ligero
al contrario, fugitivo
por mi amor, tenga otro dueño?
JUAN:
Eso pudiera entenderse,
si no me dijera luego,
"Sola esa falta os conozco,
que es no esperar;" y tras esto,
por remate, "Don Juan, nadie
alcanzó jamás huyendo."
Esto ¿qué tiene que ver
con el amor que le muestro,
cuidado con que la sigo
y ardor con que la deseo?
JIMENO:
Por Dios que dices bien. "¡Nadie
alcanzó jamás huyendo!"
¿ Por qué lo pudo decir?
JUAN:
Por ella no.
JIMENO:
Llano es eso.
si ha dos años que la sigues.
JUAN:
Pues en mi vida me acuerdo
de haber huido.
JIMENO:
Señor,
tú ¿no me has dicho que Arnesto,
cuando al campo de Tablada
fuistes a reñir, en viendo
a don Beltrán, se mostró
muy animoso y soberbio,
y que tú te reportaste?
JUAN:
Sí.
JIMENO:
Pues ¿sabes lo que entiendo?
JUAN:
¿Qué?
JIMENO:
Que don Beltrán creyó
que la arrogancia en Arnesto
nació de valor, y en ti
la reportación, de miedo,
y así lo contó a su hija;
si ya tu contrario mesmo
no fue el autor de la historia.
JUAN:
Puede ser; mas el suceso
de anoche, ¿no es desengaño?
JIMENO:
Por ventura a los que huyeron
no conoció.
JUAN:
¿Cómo no,
si estaba hablando con ellos?
JIMENO:
Sin ser por arte del diablo,
puede hablar por pasatiempo
una mujer con quien pasa
de noche, sin conocerlo;
antes con quien no conoce
se entretiene, según pienso,
con más gusto, porque tiene
más licencia y menos riesgo.
JUAN:
Fuesen o no conocidos,
¿no vio que los dos huyeron
de mí?
JIMENO:
Según es tu dicha,
pensará que fue concierto
y fingida la cuestión,
a la usanza de estos tiempos,
que hay pendencia de tramoya
y valientes de embeleco.
Pero sucedióle mal
a un valiente en este intento;
que envïando dos amigos
para la invención a un puesto,
antes que ellos, lo ocuparon
dos amantes verdaderos.
El valiente de invención,
viéndolos allí y creyendo
ser los ensayados, hizo
el papel de embestimiento.
Los dos dieron animosos
en él y en su compañero;
y como se vio apretado,
empezó a decir muy quedo,
"Huid, hola; que ya está
Fulana al balcón;" mas ellos,
como el papel no sabían,
contra el ensayo, en efeto,
le dieron un tresquilón,
y erraron todo el enredo.
JUAN:
Pocas veces alcanzaron
buen fin engañosos Medios.
JIMENO:
Don Nuño viene. [Sale don NUÑO ]
JUAN:
Don Nuño,
¿Vos en esta casa?
NUÑO:
Tengo
mi hermana acá visitando
a vuestra parienta, y quiero
pasar con ellas la tarde.
JUAN:
Porque dos a dos estemos,
quiero acompañaros, Nuño.
NUÑO:
(Perdonaránlo mis celos.) [Aparte]
[Don JUAN y JIMENO hablan aparte]
JIMENO:
Señor, ¿a entrar te resuelves?
JUAN:
Tiénenme loco, Jímeno,
estas enigmas de Blanca,
y en esta ocasión pretendo
entendellas, y suceda
lo que sucedíere.
JIMENO:
Temo
que te eche Sol a perder.
JUAN:
Si no es cuerda, y yo me veo
apretado, claramente
le diré que no la quiero,
por satisfacer a Blanca,
y a Sol castigar su exceso. [Vanse. Salen doña BLANCA, doña SOL yCELIA; después, don JUAN, NUÑO y JIMENO]
SOL:
Mañana os pienso pagar
la visita.
BLANCA:
Desde agora
Me obligáis a desear
Tener mucho que fïar
a tan buena pagadora,y así quiero que quedemos
tan amigas, Sol hermosa,
que jamás nos apartemos.
SOL:
Soy en eso tan dichosa,
que porque principio demos,vos, en tanto que está ausente
mi padre de la ciudad,
habéis de ser solamente
consuelo a mi soledad.
....................(Extraña máquina emprendo.) [Aparte]
[Habla CELIA aparte con doña SOL]
CELIA:
Don Juan es éste.
SOL:
Vendrá
A doña Blanca siguiendo.
CELIA:
Disimula.
SOL:
En eso está
conseguir lo que pretendo. [(Salen don JUAN, don NUÑO y JIMENO]
NUÑO:
No he querido, Sol hermosa,
que sola goce mi hermana
de esta ocasión venturosa;
que tengo el alma envidiosa
de dicha tan soberana.
SOL:
Antes, don Nuño, he creído
que por colmar la ventura
que hoy alcanzo, habéis venido.
sillas, ¡hola!
NUÑO:
(¡Qué hermosura!) [Aparte]
JUAN:
Yo estoy tan agradecidode que la vengáis a honrar,
por lo que en sangre me toca
Sol, que me quisiera hallar
con fuerzas para pagar
lo que agradece la boca.
SOL:
(Esto es dar satisfacción.) [Aparte]
BLANCA:
(No se ha podido abstener
[Aparte]
de gozar de la ocasión.)
JIMENO:
(Hoy está Roma que ha de arder, [Aparte]
y yo pienso ser Nerón.) [NUÑO habla aparte con doñaBLANCA]
NUÑO:
Hermana, a don Juan divierte,
mentras digo mi dolor
a Sol.
BLANCA:
No pudo la suerte
cumplir mi intento mejor. [Siéntase al lado de doña SOL donNUÑO, y al de BLANCA don JUAN. CELIA habla aparte condoña SOL]
CELIA:
El caso vino a ponerteen la mano la ocasión
para conocer del todo
si hay reliquias de afición
tuya en don Juan.
SOL:
¿De qué modo?
CELIA:
Con la ordinaria invención de dar celos.
SOL:
Dices bien.
CELIA:
Pues tienes a Nuño al lado,
de tantas partes dotado
tan excelentes, ¿con quién
le puedes dar más cuidado?
SOL:
De la ocasión gozaré.
CELIA:
Finge gran divertimiento
con él, y atenta veré
si alguna señal se ve
en don Juan de sentimiento.
SOL:
Aunque eso es darle lugar
de hablar a la que me ofende,
conviene disimular
al engaño que pretende
mi amor ciego ejecutar. [Doña SOL habla con don NUÑO y BLANCAcon don JUAN]
JUAN:
Perdonad si he quebrantado,
Blanca, vuestro mandamiento;
que bien estoy disculpado,
si advertís que me ha obligado
la fuerza del sentimiento. Mandásteme que no entrara,
dueño soberano, aquí;
mas es tal la pena en mí,
que al mismo infierno bajara,
como a este cielo subí.Las preñeces misteriosas
de vuestras graves razones
han sido en mí poderosas
a romper obligaciones,
en quien ama, tan forzosas.Dos años ha que fïel
os sigo sufriendo enojos,
y ayer ingrata y crüel
me volvistes a los ojos,
sin leerlo este papel. [Muéstrale el papel que dio BLANCA aAGÜERO, y vuélvelo a la faltriquera]
BLANCA:
(¡Cerrado está! ¿Qué estoy viendo? [Aparte]
JUAN:
Y tras esto vengo a oiros
que ninguno alcanza huyendo.
¿Es huir de vos seguiros?
Porque, si no, no os entiendo.Anoche con mi pasión
fui a vuestra calle a deshora.
Dos hombres hallé al balcón;
si acaso hablaban, señora,
con vos, vos sabréis quién son.Y aunque ardiente reprimía
todo un infierno en mi pecho,
callando mi mal sufría,
respetando a mi despecho
la causa que me ofendía.Embistiéronme; que acaso
los animó mi paciencia;
mas mi espada a todo paso
les hizo ver el ocaso
del sol de vuestra presencia. ¡Y tras esto motejáis
mi ligereza! No entiendo
los misterios que tocáis.
¿Por ventura condenáis
el correr mucho siguiendo?
BLANCA:
(¿Qué escucho?) [Aparte]
JUAN:
Cuando sabéis
que sigo empresa tan alta
dos años ha, ¿respondéis,
"Sólo os conozco esa falta,
que es no esperar"? ¿Qué queréiscon estas cifras, mi bien?
Habladme claras razones.
Basta que vuestro desdén
me mate, sin que también
me atormenten confusiones.
BLANCA:
(Ni mi papel ha leído,
[Aparte]
Ni es quien anoche me habló;
que agora he desconocido
la voz. Sin duda que ha sido
Arnesto quien me engañó. Claro está. No pudo ser
tan cobarde un caballero.)
Don Juan...
JUAN:
Señora...
BLANCA:
(No quiero [Aparte]
declararme hasta saber
si a Sol tiene amor, primero.pues mi papel no ha leído,
en su engaño se ha de estar;
que si en amarme es fingido,
corrida vendré a quedar
si él queda favorecido.)Cuanto os he dicho, nació
de haber pensado que fuistes,
don Juan, quien anoche huyó;
mas siendo vos quien seguisteis,
todo lo dicho cesó.En lo demás mi rigor,
pues es justo, no os espante,
ni vuestro fingido amor
pida a una estrella favor,
cuando de un sol sois amante.
JUAN:
¡De Sol! Sí jamás ha sido
sujeto de mi afición. [Doña SOL habla aparte con CELIA]
SOL:
¿Mira?
CELIA:
Ni imaginación
de mirar acá ha tenido.
SOL:
¡Maldiga Dios tu invención!
NUÑO:
¿Qué es esto, Sol de mi vida?
Cuando os digo mi cuidado,
¡os mostráis tan divertida!
SOL:
(Ciego está de enamorado,
[Aparte]
y yo loca de ofendída.)
NUÑO:
(¡Vive el cielo, que es hablalle [Aparte]
hablar a un tronco, a una fiera!
Mejor me estará que calle. [Suenan cascabeles dentro]
JIMENO:
Pasando están la carrera
caballeros en la calle.
SOL:
Blanca, a la ventana a vella
salgamos.
NUÑO:
Si ese arrebol
les da sus rayos, Sol bella,
serán caballos del sol
los que pasaren por ella.
BLANCA:
(¡Mal haya la fiesta, amén, [Aparte]
que me impide las de amor!)
JUAN:
¿Cuándo alcanzaré, mi bien,
El fin de tanto desdén?
BLANCA:
Cuando asegure el favor.
JUAN:
Dos años ha, Blanca bella,
que estoy firme en mi porfía.
BLANCA:
Siete años de pastor Jacob servía
JUAN:
Con esperanza al fin de poseella,
si mil sirviera y más, muy poco hacía.
BLANCA:
Al fin llegó, sirviendo, a merecella. [Vanse las mujeres]
JUAN:
¡Dichoso yo, pues mi firmeza alcanza
a ver el rostro ya de la esperanza!
NUÑO:
¿Qué queréis hacer?
JUAN:
Yo digo
que, si os agrada, salgamos
a ver la carrera.
NUÑO:
Vamos.
VOCES:
¡Aparta. ¡Dios sea contigo! Dentro [Vanse y salen por otra puerta don JUAN,NUÑO, y JIMENO]
VOCES:
¡Ese caballo matad. Dentro
JIMENO:
El jinete ha dado en tierra.
NUÑO:
Percances son de esta guerra.
JIMENO:
Acá nos le traen. [Sacan a ARNESTO entre SANCHO y otro CRIADO]
SANCHO:
BuscadUn jarro de agua.
ARNESTO:
No es bien;
que la sangre alborotada
dicen que se queda helada.
SANCHO:
¡Mal haya el caballo, amén! ¿Llamaremos un barbero?
ARNESTO:
No.
JUAN:
¿Es Arnesto el que cayó?
NUÑO:
Él es.
JIMENO:
Juráralo yo.
no le arma lo caballero.
JUAN:
(No falte la cortesía
[Aparte]
por la enemistad.) ¿Qué es esto?
¿Qué sentís, señor Arnesto?
ARNESTO:
Señor don Juan...
JUAN:
A fe mía,que me pesa.
ARNESTO:
Yo lo creo
de vuestro mucho valor.
JUAN:
¿Qué sientes?
ARNESTO:
Algún dolor
en esta mano.
JUAN:
(Deseo
[Aparte]
Mostrarle aquí bizarría.)
Llegad la mano. [Saca don JUAN un lienzo. Al sacarle, se le cae el papelde BLANCA, y ata el lienzo a ARNESTO]
ARNESTO:
¿Qué es esto?
¿Vos me dais remedio?
JUAN:
Arnesto,
es honrosa valentíadar fuerza al competidor
para matarlo después;
que de un doliente no es
hazaña ser vencedor.
SANCHO:
(Don Juan de Luna sacó
[Aparte]
entre el lenzuelo un papel.
¿Sí Blanca es el dueño de él?
Pues nadie lo ha visto, yo, si puedo, lo cogeré.)
ARNESTO:
Señor don Nuño, ¿aquí estáis?
NUÑO:
A ver si algo me mandáis.
ARNESTO:
El serviros yo tendrépor dichosa presunción.
CRIADO:
Señor, el coche está aquí,
Si en él quieres irte.
ARNESTO:
Sí.
Adiós. [Levanta SANCHO el papel]
SANCHO:
Ésta es la ocasión. [Vanse ARNESTO, SANCHO, el CRIADO y don NUÑO]
JIMENO:
¡Mira el contrario que tienes!
Ello es gran cosa ser rico.
Al más grande y al más chico
mueven sus males y bienes.Hasta don Nuño, que aquí
contigo debió quedarse,
va con él, sin acordarse
de despedirse de ti.Yo sé cierto que si fueras
tú, señor, el que caías,
aún la tierra no hallarías
sobre que muerto cayeras.Pero si justo descuento
tiene todo en esta vida
-- que en Arnesto la caída
fue descuento del contentode que gozaba en correr --
tú, que sin caballo estás,
el descuento que tendrás
es que no puedes caer.
JUAN:
Que no envidio, te prometo,
el poder que Arnesto alcanza,
supuesto que a la mudanza
de Fortuna está sujeto.
JIMENO:
Eso, ignorante ha de ser,
Señor, el que lo dudare;
mas dure lo que durare,
es beato el poseer.¿Hay cosa como aquel coche
que con tanta quietud rueda,
la tarde por la Alameda,
por el Arenal la noche,a la comedia, a Tablada,
si es invierno y claro el día,
a casa de doña Mencía,
si hace la tarde pesada?Pues en Madrid ¿es peor,
las mañanas del verano,
dar con el fresco temprano
vuelta a la calle Mayor?Las tardes, que esto es muy justo,
a Atocha, y volverse al Prado,
si es posible, acompañado
de un amigo de buen gusto."Anda, para, vuelve, espera.
No me muelas; más despacio."
Muy bracicaído y lacio,
perniabierto en la testera...Soltar la capa, y perdiendo
un poco más la vergüenza,
quitar al cuello la trenza,
irse acá y allá cayendo."Arrima a mano derecha."
Y, arrojándose al estribo,
echar con mirar altivo
a la ventana una flecha;y en pasando, todavía
volver a mirar atrás,
quizá no teniendo más
que ver allí que en Turquía.Topar la tapada niña...
"¿Quereisos entrar aquí? "
"¿Os reñirán?" "Para." "A mí
no hay quien me cele ni riña." "Entrad, y tendréis las dos
coche y dulces, ángel bello."
"¿Seréis hombre para ello?"
"Si mujer para ello vos." "¿De veras?" "Mi bien, ¿merece
que dudéis mi cortesía?"
"¿Qué haremos, señora tía?
Cortesano me parece."Entra. El estribo quitad.
"¡Hay tal vergüenza! ¡Maldito!"
"Mire que ha de ir muy quedito."
Corre esa cortina. "Andad." "Mostrad la cara." "Señor,
mire que es diablo esta vieja."
Y lo demás que se deja
para el discreto lector.Ni hay más gusto, ni al vivir
llamo yo vivir sin ello;
y si nunca he de tenello,
luego me quiero morir.
JUAN:
Ya podrá ser que algún día
alcance a ver tu esperanza
en tu fortuna mudanza
pues yo la he visto en la mía.
JIMENO:
¿Cómo, señor?
JUAN:
Grandes cosas
hay de nuevo.
JIMENO:
No me mates.
Habla, acaba. No dilates
esas nuevas venturosas.
JUAN:
Blanca me ha favorecido.
JIMENO:
Luego lo vi.
JUAN:
¿En qué lo viste?
JIMENO:
En que tú me lo dijiste.
JUAN:
¡Quién tuviera un buen vestido o una joya para ti!
JIMENO:
¿Por qué?
JUAN:
Por esa frialdad.
JIMENO:
Recibo la voluntad.
Mas don Beltrán viene aquí.
JUAN:
Vendrá por su hija.
JIMENO:
Es claro;
que es su padre y su galán.
JUAN:
Lo oscuro de este zaguán
será mi secreto amparo.No sospeche mis pasiones
y me impida mi fortuna.
JIMENO:
Siendo pobre, hasta la luna
ha de andar por los rincones. [Vanse don JUAN y JIMENO. Salen ARNESTO, que sacaen la mano el papel de BLANCA y SANCHO]
SANCHO:
En el zaguán de su prima,
cuando el lenzuelo sacó,
salió envuelto en él, y yo
puse el pie al descuido encima,y sin que nadie me viera,
lo cogí.
ARNESTO:
Temblando voy
a abrirlo; que cierto estoy
que es de aquella ingrata fiera. [Abre el papel]
SANCHO:
Ésta es letra de mujer.
ARNESTO:
Sin firma, por más secreto.
SANCHO:
Será su dueño discreto.
ARNESTO:
Oye.
SANCHO:
Comienza a leer. [Lee]
ARNESTO:
"A tan hidalga porfía
fuera crueldad la esquiveza.
Agradezco la firmeza,
justa ocasión de la mía.
Al balcón de mediodía
a medianoche te espero,
Donde hablarte a solas quiero;
que en las cosas de opinión
livianos testigos son
un papel y un escudero." Blanca es sin duda. ¡Ah rigor
de inhumano sentimiento!
Todo me abrasa el furor.
¿Qué infierno en el alma siento?
Éste ¿es efecto de amor? ¡Ah ingrata! ¡Cuán sin provecho
tantas finezas he hecho!
Pues ya todo se trocó;
que es envidia, y amor no,
esto que me abrasa el pecho. ¿Qué es del hombre de Madrid,
Sancho?
SANCHO:
No está en el lugar,
y esto no se ha de fïar
de otro, señor, que de Cid. Mañana viene.
ARNESTO:
Mil años
es un día en mis pasiones.
SANCHO:
(Engañosas dilaciones
[Aparte]
remediarán estos daños.)No te entregues al dolor.
Vuelve en ti, cobra quietud;
que importa más tu salud
que doña Blanca y su amor.Y por dicha no sería
ella el dueño del papel.
ARNESTO:
¡Ay, Sancho! que dice en él,
"A tan hidalga porfía..."Que don Juan dos años ha
que, de Blanca enamorado,
en seguirla ha porfïado...
y es mi mal. Cierto será. "Al balcón de mediodía
a medianoche te espero."
¿Qué indicio más verdadero
de la desventura mía?Que éste es, Sancho, el balcón solo
de su aposento, y los tres
de la otra calle, ya ves
que al nacer los mira Apolo. "Livianos testigos son
un papel y un escudero."
Este escudero es Agüero.
SANCHO:
Infelíce en tu afición.
ARNESTO:
Y por eso se ha excusado
de llevarle mi papel;
que por la mano con él
don Juan sin duda ha ganado.Todo conforma en mi mal.
No busques medio a mi pena,
Pues el cielo me condena
a infierno tan desigual.
SANCHO:
¿Remedias el mal crüel
con aflicción tan extraña?
Más que el mal suceso, daría
afligirse mucho de él.
ARNESTO:
No puedo más.
SANCHO:
Oye, aplaca
el dolor; que ya yo ordeno
cómo del mismo veneno
salga, señor, la triaca.
ARNESTO:
¿Cómo?
SANCHO:
Don Juan recibió
hoy sin duda este papel.
Lo que Blanca ordena en él
no sabe, pues no lo abrió.Ve esta noche, y ser don Juan
finge como la pasada,
pues quedó Blanca engañada.
Quizá los cielos querránque tú en su nombre poseas
lo que tu afición no alcanza,
y tendrán gusto y venganza
gozando el bien que deseas.
ARNESTO:
Bien dices.
SANCHO:
Sabrás, señor,
al menos con este engaño,
hasta donde llega el daño
y a qué se extiende el favor.
ARNESTO:
Digo que has consolado.
SANCHO:
Impedirás sus efectos,
sabiendo así sus secretos;
que es buena razón de estado. [Sale un CRIADO]
CRIADO:
Señor. Agüero está aquí.
ARNESTO:
¿Quién?
CRIADO:
Agüero, el escudero
de doña Blanca.
ARNESTO:
¡Ah embustero!
SANCHO:
Disimula.
ARNESTO:
Harelo así,porque a Blanca no prevenga;
mas tú examina su pecho,
y si la verdad sospecho,
su justo castigo tenga.
SANCHO:
Sí es tu gusto, ¡triste de él!
Déjame que yo lo ordene;
que hago voto solene
que pueden doblar por él. [Sale AGÜERO]
ARNESTO:
Sea, Agüero, bien venido.
¿Qué hay por acá [diferente]?
AGÜERO:
Saber si algún accidente,
Señor, ha sobrevenidoal daño de la caída.
ARNESTO:
No fue nada.
AGÜERO:
¡Gloria a Dios!
Que os deseo el bien a vos,
por Dios, como a mí la vida.
ARNESTO:
Dios le guarde; que no está
perdido en mí ese deseo.
AGÜERO:
(Nunca la ganancia veo.)
[Aparte]
ARNESTO:
¿Qué hay de Blanca? ¿Salió ya de la visita?
AGÜERO:
Ya queda
en su aposento encerrada.
ARNESTO:
¿Tan fiera y tan recatada
como siempre?
AGÜERO:
No hay quien puedade su rigor excesivo
sufrir la aspereza -- tanto,
que si es ángel por lo santo,
es demonio por lo esquivo.
ARNESTO:
¡Válgame Dios! ¿Que amás,
en fin, le diste recado
ni papel enamorado?
AGÜERO:
Con el mismo Barrabástratara de eso primero.
ARNESTO:
Esto de hablar por ventana,
¿No hay que tratar?
AGÜERO:
Cosa es llana.
ARNESTO:
(En los puntos viene Agüero.) [Aparte]
Con todo, habéis de intentar
darle un billete.
AGÜERO:
Por Dios,
que es en vano; mas por vos
la vida quiero arriesgar.
ARNESTO:
¡Hola! a Agüero regalad,
mientras escribo. [Vase ARNESTO]
SANCHO:
Cenemos
juntos hoy, porque os queremos
mostrar nuestra voluntad. Venga salchicha y solomo,
y a falta, mucha tajada
de bacallao y pescada.
¿Comeisla, Agüero?
AGÜERO:
Sí como. A todo, al fin, me acomodo,
y en bulla muerdo de un césped.
SANCHO:
Pues soltad el cinto, huésped;
que a fe que ha de haber de todo. [Vanse los dos. Salen don BELTRÁN yBLANCA]
BELTRÁN:
En algo, Blanca, ha de torcerse el gusto,
la ley guardando y la razón siguiendo
de lo decente, provechoso y justo.
BLANCA:
Hacer tu voluntad sólo pretendo;
mas piénsalo mejor, y por ventura
entenderás lo mismo que yo entiendo.Por ser tan rico Arnesto, me procura
merecer la opinión: yo la confieso;
mas no hay hacienda en mercader segura.Sin medida es su crédito; mas eso
es la misma ocasión de su ruina,
pues a gastar le obliga con exceso.Y si la hacienda a su intención te inclina,
el cielo ¿no te dio también riqueza?
¿Adónde el ciego desear camina?No trueques a dinero la nobleza;
que ésa ha de ser un hidalgo pecho
última apelación de la pobreza.
BELTRÁN:
Dame los brazos, hija; que no ha hecho
el cielo padre alguno más dichoso.
BLANCA:
Yo lo seré, si quedas satisfecho.
BELTRÁN:
Sí quedo; mas haréte, no imperioso
padre, sino amigable consejero,
Blanca, un advertimiento provechoso.Algunas casas nobles considero
al señoril dosel entronizadas,
que de ellas fue el autor solo el dinero.Las edades presentes y pasadas
togas, armas y púrpuras sin cuenta
han visto con dinero conquistadas.No puedo yo negarte que la renta
que me dejaron, hija, mis pasados
con honra y con descanso me sustenta;mas pasa de los padres los cuidados
el amor de los hijos ambicioso
a más que a conservarse en sus estados.Si con mediana hacienda noble esposo
te doy, ¿qué te adelanto? ¿Qué acreciento
a tu heredado nombre generoso?Si da copioso fruto el casamiento,
¿no es la disminución más evidente,
dividida tu hacienda, que el aumento?Así, no ha de admirarte que yo intente,
siendo tan rico Arnesto, su esperanza
cumplir, porque tu casta se acreciente.Si nobleza a la tuya igual no alcanza,
tampoco a su riqueza iguala alguna.
Lo que una baja, sube otra balanza.Si dices que es sujeta a la Fortuna,
¿Cuál mira de su imperio exceptüada
el ámbito del cielo de la luna?Piénsalo, Blanca, bien; que aunque me agrada
tu honrosa presunción, quisiera verte
menos resuelta y más considerada.
BLANCA:
Quiero en pensarlo bien obedecerte...
(Mas no en hacello.)
[Aparte]
BELTRÁN:
Si le das la mano,
contento aguardaré, Blanca, la muerte.
VOZ:
¡Para! Dentro
BLANCA:
Coche ha parado.
BELTRÁN:
¡Tan temprano!
¿Quién será?
BLANCA:
Sol, que viene de visita.
BELTRÁN:
De que te huelgues, hija, estoy ufano.Alégrate, a mis años años quita,
y pues discreta y principal doncella
es Sol, y ser tu amiga solicita,procura en amistad correspondella,
porque tus melancólicas pasiones
diviertas alegrándote con ella.
BLANCA:
Uno es ya de las dos los corazones. [Vase don BELTRÁN. Salen ARNESTO ySANCHO]
SANCHO:
A su padre hablaste ayer,
¡y hoy por la respuesta vienes!
La misma priesa que tienes,
temo que te eche a perder.
ARNESTO:
¿Por qué, Sancho?
SANCHO:
Porque veo
que es tal nuestra condición,
que nos quita estimación
el mostrar mucho deseo.
ARNESTO:
¿No es Blanca?
BLANCA:
(¿No es el que veo [Aparte]
Arnesto?)
SANCHO:
¡Ocasión dichosa!
BLANCA:
(No me engaño.) [Aparte]
ARNESTO:
Blanca hermosa...
BLANCA:
(No me pesa; que deseo
[Aparte]
Decirle mi parecer.)
Muy mal os tratáis, Arnesto,
pues cuando estáis indispuesto,
merced nos venís a hacertan temprano.
ARNESTO:
El alma mía
adivina me dictaba
que sola aquí me esperaba
la gloria que pretendía,y en las alas del amor
os vine, volando, a ver.
BLANCA:
¿Alas hubo menester
quien es tan buen corredor?
ARNESTO:
(¿Son desprecios o favores?) [Aparte]
A quien os ha de alcanzar,
aún no le basta volar.
(¿Qué es esto?) [Aparte]
BLANCA:
(¿Mudáis colores?) [Aparte]
Bien decís. Para seguir,
alas habéis menester;
que lo que sabéis correr
es bastante para huir.
ARNESTO:
Es verdad; que a quien no gasta,
le sobra cualquier riqueza.
Y así cualquier ligereza
al que no huye, le basta.
BLANCA:
Es cosa llana que es esto
lo que he querido decir;
que vos no podéis huir
sin dejar de ser Arnesto.
ARNESTO:
Por la merced que me hacéis,
beso el suelo que pisáis,
pues de mostrar os dignais,
señora, que ya entendéislos enigmas de que ayer
desentendida os hicistes.
BLANCA:
En cuidado me pusistes;
y al fin los vine a entender;que los engaños que había
opuesto la oscuridad
de la noche a la verdad,
deshizo la luz del día;y a entenderos he venido
cuando por ventura os fuera;
mas gustoso que no os diera
a entender que os he entendido.
ARNESTO:
No os entiendo.
BLANCA:
Ni creáis
que entiendo que me entendéis;
pero dicho os lo tendréis
para cuando lo entendáis. [Vase doña BLANCA]
ARNESTO:
¡Ay, Sancho, yo soy perdido!
SANCHO:
¿Cómo, señor?
ARNESTO:
Del engaño
que hicimos, el desengaño
ya doña Blanca ha tenido.la suerte que a mí bien se opone.
SANCHO:
No te aflijas.
ARNESTO:
¿Qué he de hacer?
SANCHO:
Procuremos deshacer
lo que la suerte dispone.
ARNESTO:
Si ella concierta mi muerte,
del remedio me despido.
SANCHO:
Alguna vez ha podido
más la industria que la suerte. [Vanse]
FIN DEL ACTO SEGUNDO
ACTO TERCERO
[Salen doña BLANCA, doña SOL: y CELIA. Doña SOL: aparece acabandode leer para sí un papel]
BLANCA:
¿Agrádate?
SOL:
Blanca mía,
siendo de tu blanca mano
y tu ingenio soberano,
¿desagradarme podía? Con esto voy ya segura
de ser en amor dichosa,
pues echa tu mano hermosa
las suertes de mi ventura.
BLANCA:
Al menos, a poder tanto
como el deseo el papel,
les diera a las letras de él
fuerza de amoroso encanto;que por ti determinada,
según en servirte gano,
como la pluma en la mano
pondré en el pecho la espada.
SOL:
La misma correspondencia
hallarás siempre en mi pecho.
BLANCA:
Quiera amor que en tu provecho
se logre mi diligencia,y que a don Fernando veas
en tu afición abrasado,
que como propio cuidado
me aflije lo que deseas...(Pues librarme así confío [Aparte]
de mi celoso tormento.)
SOL:
(Ya entiendo tu pensamiento; [Aparte]
mas no entenderás el mío, sin que mi traza engañosa
efecto tenga primero.)
BLANCA:
(Mi hermano viene: yo quiero [Aparte]
darle lugar.) Sol hermosa, dame licencia un momento.
SOL:
¿Dónde vas?
BLANCA:
A hacer formar,
pues el sol he de hospedar,
un cielo en un aposento
SOL:
En tu cuarto, Blanca mía,
ha de ser; que es cosa clara
que será cielo tu cara
y gloria tu compañía. [Vase BLANCA. Sale don NUÑO]
NUÑO:
Fortuna quiere ayudarme,
Pues pone a mis pretensiones
oportunas ocasiones.
CELIA:
Don Nuño viene.
SOL:
A cansarme este rato, que a mi enredo
importa la soledad.
CELIA:
Él llega.
SOL:
Con brevedad
lo despediré, si puedo.
NUÑO:
Bien temo, como amante verdadero,
que mis razones, Sol, han de cansarte;
mas el perdón espero,
si adviertes que la gloria de mirarte,
si no puedo explicarla,
menos puedo dejar de publicarla.¿Ves cómo tras la noche tenebrosa
entre púrpura, nácar, oro y plata
se muestra el alba hermosa,
y mientras en aljófar se desata,
borda de mil colores
el pincel de su luz plantas y flores? ¿Ves cómo tras la horrísono tormenta
que con las ondas azotó los vientos,
y con furia violenta
lucharon entre sí los elementos,
tiende el sol su melena
que alegra la región y el mar enfrena? ¿Ves como?...
SOL:
Basta, Nuño. (¡Qué enfadoso!) [Aparte]
¿Acaso no ha de dar ese rodeo
en que mi rostro hermoso
da más luz tras la ausencia a tu deseo,
que el sol y el alba pura
tras la fiera borrasca y noche oscura? Prolija arenga, frases exquisitas,
¿van más que a encarecer de tu deseo
las fuerzas infinitas?
Pues no te canses más; que yo lo creo.
De una fe no igualada
me doy por entendida y obligada. ¿Quieres más?
NUÑO:
No es capaz el pensamiento
de tan alto favor.
SOL:
Pues si agradarme
solamente es tu intento,
una cosa han de hacer para obligarme,
si bien dificultosa,
a tu amor igualmente provechosa.
NUÑO:
Mi vida y alma y libertad son tuyas.
El labio mueve, a muerte me condena.
SOL:
Pues pídote que huyas
de repetirme tu amorosa pena;
que la mucha porfía
e gusto cansa y el amor hastía.Evitar cuanto puedas mi presencia,
pues tu amor me despierta, y yo lo creo,
será cuerda advertencia;
que con la privación crece el deseo;
y así, mientras te miro,
ni me haces falta ni por ti suspiro.Y al fin, si quieres ver tu amor logrado,
procede, al paso que tu pecho abrasa,
cortés y recatado
en tanto que soy huéspeda en tu casa;
que en ser tuya, confío
que ha de ser contra ti sagrado mío.
NUÑO:
Bien muestras tus entrañas, Sol, esquivas.
SOL:
Esta prueba he de hacer de tu fineza.
NUÑO:
De ti por ti me privas,
¿y he de seguir, huyendo, tu belleza?
Mas, dulce dueño, el polo
de mis acciones es tu gusto solo.De obedecerte juro, y mis enojos
reprimiré a pesar de mi impaciencia,
y tus hermosos ojos
no me verán jamás sin tu licencia.
Sólo pedirte quiero
Que no te olvides de que ausente muero. [Vase]
SOL:
¿Qué dices, Celia?
CELIA:
Que estoy
confusa cómo no alcanzo
los fines de tus intentos
y de medios tan extraños.
Cuando veo que de Blanca
tienes celos declarados,
haces, señora, con ella
de amistad tan firmes lazos,
que, o me engaña su paciencia,
o me admiran tus engaños.
Por estar tu padre ausente,
esta noche has concertado
ser su huéspeda, sin ver
que tiene Blanca un hermano
mozo, galán y tu amante,
que a tu opinión hará daño.
SOL:
¡Ay, Celia! quien tiene el pecho
celoso y determinado,
ya a ejecutar sus deseos
y ya a vengar sus agravios,
no mira en inconvenientes;
pues más increíbles casos
solicitan mis cautelas,
que tú habrás imaginado.
Don Juan ha de ser mi esposo
con los enredos que trazo,
aunque aventure el honor.
CELIA:
Aconsejarte es en vano.
SOL:
Escucha pues el papel
en que fundo mis engaños,
que en nombre de doña Blanca
escribo a mi dueño íngrato. [Lee]
"Un caso tengo importante
esta noche que trataros.
Venid en dando las doce;
que en mi balcón os aguardo."
CELIA:
¿No dice más?
SOL:
Por no errar.
CELIA:
Es conveniente recato;
mas si conoce tu letra...
SOL:
Blanca con su propia mano
a mi ruego lo escribió.
CELIA:
¡Que Amor niño sepa tanto!
SOL:
Fingíle que anda mi padre
con recelo y con cuidado
de que a un don Fernando miro
con pensamientos livianos,
y por esto me importaba
mudar letra, por si acaso,
antes que en las de mí dueño,
diese el papel en sus manos;
y que tenerlo quería
prevenido para cuando
me quisiese la Fortuna
dar ocasión de enviarlo,
contándole mil finezas
que a creerme la obligaron
que tengo abrasado el pecho
por el fingido Fernando.
Y aseguróla en sus celos
ser la media noche el plazo
que señalo en el papel;
que viendo que para hablarnos
don Juan y yo, por ser deudos.
tenemos tan libre el paso,
creyó ser otro el que adoro,
y alegre ayudó a su engaño.
CELIA:
¡Sutil imaginación!
Mas ¿con quién has de enviarlo;
SOL:
Con Agüero, que al entrar
me dijo que en cierto caso
ha menester mi favor,
y esto he de pedirle en cambio.
Él viene. Déjame hablarle
a solas, y a Blanca en tanto
entra, Celia, a entretener;
y mira que con cuidado
le apartes de los balcones,
porque importa a lo que trazo
que no sepa mi enemigo
que con Blanca nos quedamos.
CELIA:
Muchos engaños requiere
la fábrica de un engaño. [Vase. Sale AGÜERO]
AGÜERO:
Sol hermosa...
SOL:
Por mi vida,
que me tiene con cuidado.
¿En qué le puedo ayudar?
Que ya lo estoy deseando.
AGÜERO:
¡Plega a Dios, bella señora,
que ese ofrecimiento hidalgo
os pague Dios, que es qiuen paga
por pobres y desdichados.
No sé por dónde comience
a referir mis trabajos;
que si los callo padezco,
y temo si no los callo.
Yo sirvo; y diciendo sirvo,
digo que soy desdichado,
digo que vivo muriendo,
digo que me lleve el diablo.
SOL:
¡Jesús! que es desesperar.
AGÜERO:
¿Qué hay que esperar en mi estado
¿Puede dar todo el infierno
mayor tormento que a un amo?
Digo al fin que a Blanca sirvo.
şmola; que la he crïado,
aunque de amor y crïanza
me da, señora, mal pago.
Está de quiebra conmigo
-- como si no hubieran dado
mas ocasión a su enojo
sus ojos que mis agravios --
porque de cierto penante,
de mil que prenden sus lazos,
le quise dar un papel.
Mirad vos ¡qué gran pecado!
SOL:
¿Quién es el galán?
AGÜERO:
¿Por quién
terciara yo en este caso,
sino por quien es tan noble,
tan discreto, tan hidalgo,
y pariente vuestro al fin,
como lo es don Juan?...
SOL:
(¡Ah, falso!) [Aparte]
AGÜERO:
Que esto me debéis. De suerte
todas vuestras cosas amo,
que holgara, por Dios, de verlo
con mi señora casado.
SOL:
(Antes, enemigo, veas
[Aparte]
El término de tus años.)
Y al fin, ¿admitió el papel?
AGÜERO:
Sin abrirlo ni aun mirarlo,
me mandó que lo volviese
a don Juan, echando rayos
por la boca y por los ojos.
SOL:
(Justa pena de un ingrato.) [Aparte]
AGÜERO:
Después acá, ni me mira
ni habla, y estoy temblando
de que en despedirme al fin
han de parar los nublados.
Vos, pues que sois tan su amiga,
y pues la causa del daño
fue cosa vuestra, tomad
en estas paces la mano.
SOL:
La más dichosa ocasión
ha querido el cielo daros,
que vuestro mismo deseo
pudo pedir para el caso;
mas habéis de prometerme
el secreto.
AGÜERO:
Seré un mármol.
SOL:
Sabed... No sé sí lo diga.
AGÜERO:
Señora, por San Estacio,
que de un pecho vizcaíno
no podéis mejor fïarlo.
SOL:
Debajo de ese seguro,
Agüero, os he de hablar claro.
A don Juan adora Blanca.
AGÜERO:
Qué decís!
SOL:
Verdad os hablo.
Y esta amistad que conmigo
veis que de nuevo ha tratado,
es por tener ocasión
para verlo y para hablarlo.
Ella en efecto le escribe
este papel de su mano,
y me pidió que con vos
se lo envïase, callando
el ser suyo; que no quiere
su flaqueza declararos.
Yo os la declaro, y fïara
de un hombre que es tan hidalgo
secretos que un mundo importen.
AGÜERO:
Como de esos sé yo y callo.
SOL:
Dádsele pues; que yo fío
que en premiaros no ande escaso.
AGÜERO:
¿Qué más premio que serviros? [Dale el papel a AGÜERO]
SOL:
Yo solamente os encargo
que no le digáis que estuvo
este papel en mis manos
ni que visitando quedo
a Blanca.
AGÜERO:
Perded cuidado.
SOL:
Porque como, por estar
ausente mi padre, salgo
sin su licencia de casa,
vivo con este recato,
y todo de vos lo fío.
AGÜERO:
En más pienso yo agradaros.
SOL:
Adiós pues, y vuestras paces
quedan, Agüero, a mi cargo;
que haciendo esto vos por Blanca,
quedaréis reconciliado. [Vase doña SOL]
AGÜERO:
El tentador enemigo
anda poniéndome lazos
y ordenando por mil modos
que me muelan cada rato.
Apenas escapé vivo
anoche de entre las manos
de los crïados de Arnesto
por el otro papel, cuando
el diablo me mete en otra,
para ir luego el mismo diablo
a revelárselo a Arnesto,
que ponga fin a mis años.
Perdonad, Blanca; que yo
no quiero arriesgarme tanto,
porque no hallaré otra vida
y podré hallar otros amos.
Y perdonad vos, papel;
que tengo por más barato
-- ¡Malos años para vos! --
veros roto, que a mis cascos. [Rompe el papel y vase. Salen ARNESTO, SANCHO y JULIO, de noche,con una lanterna]
JULIO:
Jamás a don Juan he hablado.
No me puede conocer.
SANCHO:
Y lanternazo ha de haber
que lo deje deslumbrado.Ruega a los cielos que venga
él esta noche a la calle,
y que Blanca salga a hablalle;
que cuando efeto no tengael llegarla tú a gozar
con el engaño que hacemos,
el pesar que les daremos
no se puede despintar;que es gran parte de tu intento.
ARNESTO:
Noche oscura, mi esperanza
pongo en ti,
SANCHO:
Todo se alcanza
con industria y sufrimiento. [Salen don JUAN y JIMENO, de noche]
JIMENO:
"¿Siete años de pastor Jacob servía,
y al fin llegó, sirviendo, a merecerla."
Dijo tu adorada bella?
JUAN:
Sí, Jimeno.
JIMENO:
Mucho fíaBlanca de tu firme amor.
Cara se quiere vender.
JUAN:
Debe también de saber,
como yo su gran valor.
JIMENO:
Y tú, constante y fïel
entre desdenes y daños,
¿servirás otros siete años
a tu divina Raquel?
JUAN:
Y son pocos.
JIMENO:
Vive Dios,
que pienso que se os olvida
cuán limitada es la vida
en este tiempo, a los dos!Antiguamente vivía
un hombre quinientos años.
Si en pretensiones y engaños
quince o veinte consumía,no era mucho; mas agora,
que sesenta es larga edad,
hace muy grande necedad
quien más de un mes enamora [Salen doña SOL y CELIA al balcón.Están don JUAN y JIMENO, a unlado; ARNESTO y SANCHO al otro]
CELIA:
Advierte que es grande error
en una honrada doncella.
SOL:
Celía, todo lo atropella
quien con celos tiene amor.Más graves yerros hicieron
diosas, reinas y matronas,
cuyas heroicas personas
espejo del mundo fueron.¿Qué mucho que mis pasiones
precipiten mis intentos,
si me cercan más tormentos
y menos obligaciones?Y no es tan grande mi error,
pues junta el remedio al daño,
porque en lograr este engaño
está el conservar mi honor;pues que si a don Juan entrego
la mayor prenda, le obligo
a que se case conmigo,
aunque esté por Blanca ciego.Que siendo yo su parienta,
en descubriendo el engaño,
ha de remediar el daño
pues que le alcanza la afrenta.
CELIA:
Quiera Dios que de ese modo
venza tu industria a tu suerte.
Mas, ¿no ha de desconocerte
en la voz don Juan?
SOL:
De todo advertida, Celia, estoy;
que la habla mudaré,
y de Blanca le diré
que una mensajera soy.
CELIA:
Gente viene. [A JIMENO]
JUAN:
En el balcón
de la hermosa Blanca veo...
JIMENO:
Ilusiones del deseo.
JUAN:
0 soy ciego, o no lo son.
JIMENO:
Ve con tiento.
JUAN:
Don Beltrán
no ha de estar tan a deshora
al balcón. ¿Sois vos, señora?
CELIA:
Don Juan es.
SOL:
¿Quién es?
JUAN:
Don Juan,Blanca hermosa.
SOL:
Una crïada
de doña Blanca soy yo,
que aguardaros me mandó
con una alegre embajada. [ARNESTO y SANCHO hablan aparte]
ARNESTO:
Hablando está.
SANCHO:
Felizmente,
si es don Juan, va la invención.
ARNESTO:
Manos a la ejecución.
SOL:
Aguardad; que viene gente. [JULIO, seguido de ARNESTO y SANCHO, se llegan conla lanterna descubierta a don JUAN]
JULIO:
La justicia es, caballeros.
JUAN:
Don Juan de Luna soy yo.
SANCHO:
Presto en el lazo cayó.
JULIO:
Huélgome, don Juan, de veros;que sólo a buscaros vengo.
JUAN:
¿Quién sois, y qué me mandáis?
JULIO:
Con un alguacil habláis
de la ciudad; y aunque os tengo,por ser quien sois, voluntad,
soy del señor Asistente
un mensajero obediente.
Perdonadme, y escuchad.En esta calle ha sabido
que a una principal doncella
le quitáis, con pretendella,
reputación y marido;y os encarga que enmendéis
esta nota; y el cuidado,
bien a mi pesar, me ha dado
de prenderos si excedéis.Hacedme merced a mí
-- Que en el alma sentiría
perderos la cortesía --
que no os halle más aquí.
SANCHO:
(¡Oh, qué bien!) [Aparte]
JUAN:
Señor...
JULIO:
Señor,
no hay que replicar en esto.
JUAN:
¿Y si acaso a fin honesto
se encaminase mi amor?
JULIO:
Puede ser; mas no soy yo
con quien se ha de disputar.
Mi oficio es ejecutar
lo que el juez me mandó.Yo traigo orden de asistir
en esta calle en espía
hasta que el sol traiga el día,
y cumplo con advertirque si a pisarla volvéis,
supuesto que os tengo ya
apercebido, será
fuerza que me perdonéis. [Apártanse JULIO, ARNESTO y SANCHO]
SOL:
(¡Triste de mí! que sospecho [Aparte]
Que con esto mi invención
ha de perder ocasión.
ARNESTO:
Famosamente lo has hecho.
JUAN:
¡Que tal pase! Muero, rabio.
¡Que contra don Juan de Luna
dé a un mercader la Fortuna
fuerzas para tanto agravio!
JIMENO:
No te aflijas de ese modo.
El alguacil se fue ya.
Al balcón vuelve.
JUAN:
Será,
Jimeno, perderlo todo;que si excede este alguacil,
he de perderla y perderme,
pues fuera el dejar prenderme
a sus ojos, cosa vil.
JIMENO:
Bien adviertes. Lo mejor
es dejarlos descuidar,
y aunque te pese, aguardar
que se pase este rigor.
JUAN:
Hallar un medio querría
con que a la calle volvieses,
y el recado me supieses
que doña Blanca me envía.
JIMENO:
Ven; que ya me se ha ofrecido
una invención, con que puedo
pasar la calle sin miedo
de poder ser conocido.
JUAN:
A lo menos, sí al balcón
no puedes hablar, de espía
has de servir.
JIMENO:
Hasta el día
lo seré con la invención.Tú, por lo que sucediera,
no lejos me has de aguardar.
JUAN:
Claro está que ha de velar
quien de amor y celos muere. [Vanse don JUAN y JIMENO]
SANCHO:
Con esto no te podrá
en la voz desconocer,
que es lo que puedes temer.
ARNESTO:
Llega pues; que sola estála calle.
SOL:
Sin duda alguna
volverá en viendo ocasión.
Mas espera.
SANCHO:
¡Ah del balcón!
SOL:
¿Quién es?
SANCHO:
A don Juan de Luna por estrecho amigo tengo,
y él de mí sus casos fía.
Si sois vos, señora mía,
doña Blanca, a daros vengode parte suya un recado.
CELIA:
Di que eres Blanca, señora,
pues de conocer agora
todo el peligro ha cesado, supuesto que el mensajero
no te conoce.
SOL:
Yo soy
doña Blanca, y sola estoy.
Hablar podéis, caballero.
SANCHO:
Don Juan de Luna, que agora
a la vuelta de esta calle
me encontró, y queda rompiendo
con tristes quejas los aires,
por mí os dice que -- por señas
que en un papel le mandastes
que a medianoche viniese
a gozar el favor grande
de que por este balcón,
hermosa Blanca, os hablase;
y agora aquí un alguacil
le notificó de parte
del Asistente el destierro
de esos ojos y esta calle --
me deis la orden, señora,
que don Juan queréis que guarde;
que él, por no dar ocasíon
a inconvenientes más graves,
recelando en esto más
los vuestros que sus pesares,
hasta saber vuestro gusto
quiere excusar que le halle
la justicia aquí otra vez,
recato de cuerdo amante. [Doña SOL habla aparte con CELIA]
SOL:
Celia, yo me determino.
Conocidas señas trae;
y si pierdo esta ocasión,
puede ser que otra no alcance.
CELIA:
Y el disponer lo que intentas
por terceras manos, hace
el engaño más seguro
y la ejecución más fácil. [A SANCHO]
SOL:
Señas me dais caballero,
tan ciertas y tan bastantes,
que no dudo que de vos
segura puedo fïarme;
y así le podéis decir
a don Juan... [Sale JIMENO, disfrazado de ciego]
JIMENO:
(Mirad ¡qué talle [Aparte]
de doncella principal!
No hay un punto de vacante.
Hablando están. ¡Vive Dios!
Ella es liviana y mudable;
y sin duda que por ella
se dijo primo occupanti. [Retírase JIMENO]
SANCHO:
Justamente os resolvéis,
señora. Voy a avisarle,
y vos disponéis la casa,
y en el balcón aguardadle,
porque él, al punto que vea
sola y segura la calle,
venga a gozar la ocasión.
SOL:
Pues id presto, y Dios os guarde. [Apártase SANCHO]
CELIA:
Bien engañado lo envías.
SOL:
Agora falta que apagues
la luz; que la oscuridad
siempre fue de engaños madre.
CELIA:
Blanca duerme, descuidada
de que le quitas su amante.
SOL:
Quien tiene enemigo y duerme,
no se queje de sus males. [Vanse CELIA y doña SOL. Salen ARNESTO, SANCHO, JULIO, y JIMENO]
ARNESTO:
¿Qué hay, Sancho?
SANCHO:
Señor, albricias.
A Blanca tengo de darte
esta noche, si te atreves.
ARNESTO:
¿Eso dudas?
SANCHO:
Las formales
palabras que Blanca ha dicho
tengo aquí de recitarte.
ARNESTO:
Di.
SANCHO:
"Caballero, a don Juan
decid que quiere mi padre
con Arnesto, porque es rico,
contra mi gusto casarme;
mas yo, a don Juan obligada,
agradecida y amante,
más que las Indias estimo
sus nobles y buenas partes;
y viendo que por concierto
es imposible que alcance
efecto nuestra esperanza
con mi codicioso padre,
me resuelvo a ser su esposa
esta noche, y entregarle
para firmeza mayor
las prendas más importantes.
Y así le quedo aguardando;
que venga al momento y trace
cómo de este balcón pueda
pisar los altos umbrales."
Éste es el caso. Yo voy
por escala. No se pase
la ocasión; y tú, señor,
queda guardando la calle. [Vase SANCHO]
ARNESTO:
Ve, ¿será la vez primera
que se ve engañado un ángel,
y yo el primero ladrón
que el cielo por hurto alcance?
JIMENO:
(Ya que está desocupado [Aparte]
el puesto, hablaré, si puedo.
Mas ya hay gente. Estoyme quedo.)
ARNESTO:
Uno es solo, y se ha parado.
JIMENO:
(Aquí encaja la invención; [Aparte]
que a este galán no le ha hecho,
pues repara, buen provecho
verme. Aquí va de oración. [Reza como ciego]
"Pedro, pescador sagrado,
de Jesús la luz os guía;
que el hábito habéis tomado
en su santa compañía,
y aún vais oliendo a pescado."
ARNESTO:
¿Cómo andáis tan a deshoras,
hermano?
JIMENO:
¿Qué os maravilla?
¿Es nuevo andar en Sevilla
rezando un ciego a estas horas?Para mí siempre está oscuro
el cielo y el sol; y así
el más solo para mí
es el tiempo más seguro,pues sin encuentro ni azar
de persona, bestia o coche,
a mis devotos de noche
puedo a sus puertas rezar.
ARNESTO:
Pues idos con Dios agora.
JIMENO:
¡Feligreses granjeara,
si de rezar les dejara
su devoción a su hora!
ARNESTO:
Pues si me enojo con vos,
caro os habrá de costar.
JIMENO:
¡Aquí de Dios! ¿Por rezar
matan a un siervo de Dios?
JULIO:
Él te ha de echar a perder.
JIMENO:
No puede hombre cristiano
este siglo.
ARNESTO:
Basta, hermano.
JIMENO:
Pues yo lo tengo de ser, aunque pese.
ARNESTO:
(El alboroto [Aparte]
De la calle temo.) Digo
que recéis: rezad, amigo,
cumplid con vuestro devoto. (Éste no puede dañarme;
[Aparte]
que es ciego. Y que no lo sea,
este mendigo me vea,
y no quien pueda estorbarme.) [Rezando]
JIMENO:
"Pedro, a mí me maravilla
ver que limpio no salgáis;
mas lleváis limpia y sencilla
alma a Dios, y no buscáis
para el vestido escobilla." [Sale SANCHO, con una escala de cordeles]
SANCHO:
Señor...
ARNESTO:
¿Es Sancho?
SANCHO:
Ésta es
la escala. A ponerla voy.
Mientras poniéndola estoy,
quédate, y llega después;porque siendo de esta suerte
junto el subir y el llegar,
ni tengas tiempo de hablar,
ni Blanca de conocerte. [Vase SANCHO]
ARNESTO:
Bien has dicho. Voy tras ti.
Cielos, permitid que diga
yo que mi suerte enemiga
hoy con industria vencí. [Vanse ARNESTO y JULIO]
JIMENO:
¿Qué es esto? Sin duda alcanza
favor Arnesto en su pena;
que tanto no se serena
un rico sin esperanza. [Reza]
"¡Vos sois el fuerte vasallo
que a Dios seguir imagina!
Mas no queráis afrentallo.
Id, Pedro, para gallina;
que os hace llorar un gallo." Gente hay en el balcón. ¡Fuego,
Engañosa Blanca, en vos!
¿Vos sois la devota? ¡Ah, Dios,
lo que ve esta noche un ciego! [Reza]
"Decid, ¿no os bastó negar
al Señor más verdadero
sin jurar y blasfemar?
Elías fue carretero,
y no le vimos jurar."
Mas, o me engaño, o sin alas
Arnesto sube al balcón.
Ello es sin duda. ¡Ah, ladrón,
que el cielo atrevido escalas!Al fin has llegado a verte
en el bien que has pretendido. [Salen SANCHO y JULIO y, después donJUAN]
SANCHO:
Hoy en efeto ha podido
mas la industria que la suerte.
JULIO:
Hoy alcanzó de un desdén
un engaño la victoria. [Reza]
JIMENO:
"Aquí gracia y allá gloria,
por siempre jamás amén." Colóse. Voy a avisar
a mi dueño desdichado,
pues estando condenado,
no hay ya por él que rezar. [Apártase y encuéntrese con don JUANque sale. Hablan en secreto ambos]
JULIO:
La crüel, la desdeñosa,
¡Qué corrida y engañada
Se ha de hallar!
SANCHO:
Mas no burlada,
ni del engaño quejosa,pues cuando quedar podía
sin ningún descuento el daño,
esposa la hará el engaño
del Midas de Andalucía.
JULIO:
Mas ¿cómo dejó al balcón
pendiente la escala?
SANCHO:
Fue,
por si en peligro se ve,
atinada prevención;que tan tarde es cosa clara
que está la calle segura.
JULIO:
Y la noche es tan oscura
que, a ser mayor, la ocultara.
JUAN:
¡Válgame Dios! ¡Tal escucho,
sin que dolor tan extraño
arranque un alma tan triste
de un pecho tan desdichado!
¡Cielo santo! a los que nacen
a tanto mal destinados,
¿por qué el parto no es verdugo?
¿Por qué la cuna no es mármol?
JIMENO:
¿Para cuándo es el valor
si te falta en estos casos?
JUAN:
Tener sufrimiento aquí
fuera negar lo que amo,
confesar que no merezco,
y no entender el agravio.
JIMENO:
Mira que estás en la calle.
JUAN:
Jimeno, estás engañado;
que en el infierno estoy, pues que me abraso,
y no basto a pasar el mal que paso. [Hablan aparte SANCHO y JULIO]
SANCHO:
Don Juan es éste: ¿qué haremos?
JULIO:
Acertado será echarlo
De la calle.
SANCHO:
Está de celos
Furioso, y si lo intentamos,
resistirá, y el rüido
podrá causar mayor daño.
despertando a don Beltrán
a que sepa sus agravios. [Sale don BELTRÁN, mirando con recato por elbalcón]
BELTRÁN:
(¿Quién con descompuestas voces [Aparte]
la calle está alborotando?)
JUAN:
(¡Ah fiera enemiga mía!
[Aparte]
¡Qué es del honor no tocado,
para quien mis pensamientos
ni aun los ojos levantaron?
¿Dónde está la honestidad
que yo veneraba tanto,
la fingida compostura
y el hipócrita recato?
Los ídolos que adoré
por tierra están derribados;
la ciudad de mis tesoros
miro en poder de un tirano.
no te ha de gozar, liviana;
sí puedo, no has de gozarlo.
Sepa el mundo tus bajezas,
pues supe yo mis agravios.) [Da voces]
Don Beltrán, mira tu honor,
mira que te está robando
un ladrón la mejor prenda.
BELTRÁN:
(¿Qué escucho?) [Aparte]
JIMENO:
Eso ¿es remediarlo?
Ves aquí que don Beltrán
a Arnesto coja acostado
con su hija...
BELTRÁN:
(¡Vive Dios,
[Aparte]
que han de morir a mis manos!) [Quitase del balcón]
JIMENO:
¿Servirá el cogerlos juntos
sino de verlos casados,
para más tormento tuyo?
JUAN:
Ninguno mayor aguardo;
que en el infierno estoy, pues que me abraso,
y no basto a pasar el mal que paso.
BELTRÁN:
¡Muera el traidor! Dentro
SANCHO:
Esto es hecho.
Don Beltrán alborotado
Da voces. ¡Ah triste Arnesto!
No escaparás de sus manos.
JULIO:
Entremos a socorrerlo.
SANCHO:
Rompe las puertas.
JULIO:
De mármol
son.
JIMENO:
La justicia es sin duda.
JULIO:
Espera: pues ha quedado
puesta la escala al balcón,
subamos por ella.
SANCHO:
Vamos. [Vanse los dos]
JIMENO:
Ellos suben al balcón.
JUAN:
Subamos también.
JIMENO:
¿Tu agravio
quieres ver?
JUAN:
¿Pues quién podrá
no ver el fin de este caso? [Vase don JUAN]
JIMENO:
Así el padre a quien la muerte
le quita su hijo amado,
por más que le aflija el verlo,
quiere que muera en sus brazos. [Vase JIMENO. Sale ARNESTO, retirándose de BELTRÁN, NUÑO y criados, todos con espadas desnudasy hachas encendidas; doña BLANCA, doña SOL yCELIA]
ARNESTO:
Tened, señor don Beltrán.
Escuchadme. Reportaos.
Blanca es mi esposa. con esto
¿No cesa cualquier agravio?
BELTRÁN:
No cesa; que si es tan cierto
que daros Blanca la mano
es, aunque os sobren tesoros,
para vos un bien tan alto;
el dar con esto ocasi¢n
a que entiendan que forzado
la recibís por esposa,
y no porque os honra tanto,
es un agravio que sólo
se remedia con mataros.
ARNESTO:
¿Y el honor de vuestra hija?
BELTRÁN:
Sepan que fui tan honrado,
que quise vengar la afrenta
más que remediar el dafío. [Salen SANCHO y JULIO, con espadas desnudas]
SANCHO:
Señor don Beltrán, teneos.
NUÑO:
Muera Arnesto y mueran cuantos
le acompañan.
JULIO:
Somos muchos
y estamos determinados.
ARNESTO:
Lo que importa es, pues perdistes
ya la ocasi¢n de vengaros,
remediar a dolía Blanca
para soldar el agravio.
BLANCA:
¿Qué es remediar? ¿Vos pensáis
que os ha de dar un engaño
lo que vos no merecéis?
Oye, padre, advierte, hermano,
que estoy de todo inocente;
y Arnesto desesperado
de poderme merecer,
ha pretendido obligaros
de esta suerte a que le deis
contra mi gusto mi mano.
Averiguad la verdad
y castigad los culpados;
que yo no he de ser su esposa,
si arriesgo el honor, si acabo
la vida.
ARNESTO:
Basta, enemiga.
¡Que aún dura en tu pecho ingrato
la resistencia, crüel!
Dame la mano callando.
No quieras que aquí publique
tu deshonor con mi engaño.
BLANCA:
Hablad, declaraos, Arnesto;
que dais a entender callando
mucho más de lo que pueden
ofenderme vuestros labios. [Salen don JUAN y JIMENO, que se quedan retiradosescuchando]
ARNESTO:
Ya que a descubrir me obligas
tus pensamientos livianos,
y a no guardarte el decoro,
¿Negarásme que pensando
que era yo don Juan de Luna,
a quien por éste has citado [Saca y muestra un papel]
para hablarte a medianoche
por el balcón de tu cuarto,
me diste audiencia y entrada,
con una escala que trajo
Sancho, testigo de todo?
BELTRÁN:
Mostrad el papel. [ARNESTO entrega el papel a don BELTRÁN, quienlo lee para sí y luego dice a doña BLANCA]
Negarlo
no puedes; la letra es tuya.
JUAN:
(Quit¢me el bien un engaño.) [Aparte]
[Habla do¤a SOL aparte con CELIA ]
SOL:
Aquel, Celia, es mi papel.
CELIA:
Pues ¿cómo vino a las manos
de Arnesto?
SOL:
La diligencia
Y el dinero pueden tanto...
BLANCA:
(¡Cielos! Sin duda que Sol [Aparte]
es autora destos daños,
y este papel, que a su ruego
escribí yo de mi mano.)
Enemiga Sol, ¿qué tardas
en deshacer tus encantos?
que tú me hiciste escribir
el papel que esto ha causado:
tú sola pudiste dar
entrada a Arnesto en mi cuarto.
JUAN:
(Ya cobro nueva esperanza.) [Aparte]
[Adelantándose]
Habla, Sol, ¿qué estás dudando?
No pase de aquí el remedio,
que estriba en el desengaño.
NUÑO:
Celia, tú lo sabes: habla.
CELIA:
Señora, el callar es vano,
si se ha de saber al fin.
SOL:
(¿Han de ser mis propios labios [Aparte]
pregoneros de mi ínfamia?)
CELIA:
Yo lo diré.
SOL:
(Yo entretanto [Aparte]
exhalaré el corazón
en lágrimas desatado.
CELIA:
Verdad es que mi señora
fingió ser Blanca, pensando
que era don Juan, porque Arnesto
fingió serlo; y así entrambos
vinieron a ser, creyendo
que engañaban, engañados.
ARNESTO:
Mira lo que dices, Celia.
CELIA:
Si verdad, Arnesto, os hablo,
las lágrimas lo confirmen
que Sol estál derramando,
y las cintas de oro y seda
que se quitó del tocado
con que la escala subíese.
JUAN:
Y ella lo está confesando,
pues que no lo contradice.
Arnesto, dadle la mano.
Noble madre a vuestros hijos
y fin dichoso a estos casos.
lo que de todos al fin
habéis de haber obligado,
haced obligando a todos. [A doña SOL]
ARNESTO:
Pues ya he visto cuán en vano
la suerte quise vencer
con industria y con engaño,
yo soy vuestro.
SOL:
Yo dichosa.
NUÑO:
(Gusto pierdo y honra gano.) [Aparte]
BLANCA:
Gracias a los cielos doy,
que mi inocencia mostraron.
BELTRÁN:
Inocente estás; mas debes
considerar que ha notado
toda la calle el rüido,
y es forzoso remediarlo.
Don Juan ha sido la causa
de descubrirse este engaño,
y sus celosos extremos
los vecinos despertaron.
Es Luna, en España ilustre,
y será bien que sus rayos
ahuyenten estas tinieblas
que en tu opinión ha causado.
Dale la mano.
JUAN:
Yo soy
dichoso.
BLANCA:
Yo la que gano.
JULIO:
La industria ha puesto el poeta;
la suerte está en vuestras manos.
FIN DE LA COMEDIA