Ruiz de Alarcón, Juan. El tejedor de Segovia
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ACTO TERCERO

[Salen un PASAJERO y un VENTERO, con un velón encendido]

PASAJERO:

¡Ventero! ¡Ah, ventero!
VENTERO:


¡Necio,
ya lo sé! [Pone el velón en una mesilla]

PASAJERO:


Acá estamos todos.
VENTERO:

Otro que entraba en galeras
a remar, dijo lo proprio.
PASAJERO:

¡Pepita...!
VENTERO:


¡En quien me maldice!
PASAJERO:

¿Habrá qué cenar?
VENTERO:

Un rollo
de congrio no faltará.
PASAJERO:

¿Pullas a mí, purgatorio
de caminantes?
VENTERO:

Espinas,
que no pullas, tiene el congrio.
PASAJERO:

¡Qué santa sinceridad!
Por eso os tienen por bobo.
VENTERO:

El oficio lo requiere.
Mas vos, que tan malicioso
habláis, ¿quién sois?
PASAJERO:

Yo soy sastre.
VENTERO:

Yo ventero. Vamos horros.
Pero, ¿de dónde venís?
PASAJERO:

De este alcázar suntüoso,
a quien dan luciente espejo,
vueltos en cristal, los copos
que en el abrasado estío
hurta a la sierra ese arroyo.
VENTERO:

Esa hermosa recreación
es de Pedro de los Cobos.
PASAJERO:

Hase retirado a ella
melancólico y ansioso
-- dicen que de hipocondría --
el conde don Juan; aunque otros
dicen que su padre así,
por travesuras de mozo,
le castiga; y he venido
a hablarle en cierto negocio. [Salen CHICHÓN y los dos BANDOLEROS, con donFERNANDO y TEODORA, atadas las manos atrás]

CHICHÓN:

Esta venta está dos leguas
de Segovia; en ella un poco
descansemos, y a la hambre
le demos algún socorro,
pues estamos ya seguros.
BANDOLERO 1:

Bien dices.
CHICHÓN:


¡Oste! Bon chorno.
VENTERO:

Si aqui hay bochorno, en la sierra
no estaréis tan caloroso.
CHICHÓN:

¡Oste...!
VENTERO:


¿Os quemo?
CHICHÓN:

¿E cualque cosa
que manchar?
VENTERO:


Aceite es proprio
para manchar.
CHICHÓN:


¿No me entiendes,
venterico de mis ojos,
que te hablo en italiano?
VENTERO:

Pues hágase a zaga un poco;
que requebrarme y hablarme
italiano es peligroso;
mas, ¿quién es el de las manos
atadas?
CHICHÓN:


Es el demonio,
el tejedor de Segovia.
VENTERO:

¡Ah, enhoramala! Mas, ¿cómo
no me pedistes albricias,
que estoy de contento loco? [Canta y baila]

"Ya está metido en la trena
el valiente Pedro Alonso..."
CHICHÓN:

Loco está el viejo.
VENTERO:

No es mucho,
que ha mil días que no como;
que de temor no llegaba
a esta venta un hombre solo.
BANDOLERO 1:

Dadnos qué cenar de albricias.
VENTERO:

De un cebón os daré un lomo,
en lo tierno portugués,
y provincial en lo gordo.
¡Qué cara tiene el bellaco!
Hombre, dime, ¿qué demonio
te engañaba?
CHICHÓN:


No esperéis
que os responda más que un tronco;
que en prendiéndole, caló
la visera y cerró el morro,
y no ha hablado una palabra.
VENTERO:

Decidme, ¿quién es el otro?
CHICHÓN:

Es un camarada suyo.
VENTERO:

¡Triste de él, que es como un oro!
¿Qué digo? Guardaos de hablar
en italiano a este mozo.
PASAJERO:

¿No me diréis de qué suerte
pudistes prenderle?
BANDOLERO 2:

Todo
lo alcanza la humana industria
Escuchad y sabréis cómo. [Pónense a hablar en corro el VENTERO, losBANDOLEROS, CHICHÓN y el PASAJERO]

FERNANDO:

(¡Dadme favor, santos cielos!        [Aparte]

que, mientras hablan, dispongo
que el fuego de este velón
me dé remedio piadoso,
aunque las manos me abrase;
que si las desaprisiono,
hechos ceniza los lazos,
han de hacer del fuego proprio
en que ellos se abrasen, rayos
con que a mis contrarios todos
fulmine mi ardiente furia. [Llégase de espaldas a la mesilla dondeestá la luz]

Elemento poderoso,
esfuerza la acción voraz,
tú, que los húmedos troncos,
los aceros, los diamantes,
sabes convertir en polvo.
¡Ah! ¡Pese a tu actividad
todo me abraso, y no rompo
los lazos! Fuego enemigo,
¿dante pasto más sabroso
mis manos que esas estopas,
que te suelen ser tan proprio
alimento? Ya estoy libre. [Desátase]

Agora sí cuantos monstruos
de Egipto beben las aguas,
pacen de Hircania los sotos,
se oponen a mi furor,
los haré pedazos todos.)
PASAJERO:

Dicha fue que le dejasen
sus camaradas tan solo,
para prenderle.
CHICHÓN:

Obra fue
de Dios, que ordenó piadoso
que pague tan gran bellaco
tantos insultos y robos.
FERNANDO:

Agora lo veréis, perros. [Saca la espada al PASAJERO y acuchíllalos]

CHICHÓN:

¡Ay de mí! ¡Perdidos somos!
BANDOLERO 2:

¡Aquí del rey! [Pónese CHICHÓN al lado de don FERNANDO]

CHICHÓN:

¡Ah, gallinas!
¿A mi amo Pedro Alonso
os atrevistes? ¡A ellos,
que a tu lado estoy!
TEODORA:

Socorro,
cielos!
FERNANDO:


¡Ah, traidor! [Dale a CHICHÓN]

CHICHÓN:

¿Así
me pagas, cuando me pongo
a tu lado?
BANDOLERO 2:


¡Muerto soy! [Vase el VENTERO huyendo]

VENTERO:

¡Toca a la Hermandad, Bartolo! [Vanse todos. Salen el CONDE y FINEO, de campo,dentro de la cerca o enverjado]

FINEO:


Alegre noche.
CONDE:

A no estar
yo tan triste, alegre fuera;
mas las luces de su esfera
no se pueden igualaren número a mis pesares,
como ni a la causa de ellos
se igualan en rayos bellos
sus hermosos luminares.
FINEO:


Famosa recreación
es ésta de Cobos.
CONDE:

Buena,
si hiciese un punto mi pena
treguas con mi corazón.
FINEO:


¿Quieres, señor, que con juegos
te diviertan los crïados,
y que alumbrando estos prados,
con luminarias y fuegos te entretengan?
CONDE:

No, Fineo;
antes al campo salí,
por dar más lugar aquí
a que me mate el deseo.
FINEO:


No fuera malo traer
a Clariana de la aldea.
CONDE:

No la nombres, si desea
tu privanza no perder el lugar que en mí te doy.
Todo lo que no es hablar
de Teodora, es aumentar
pena al infierno en que estoy.
FINEO:


El moro dicen, señor,
que a Madrid tiene sitiado.
CONDE:

¡No me dieran más cuidado
que sus flechas las de Amor!
FINEO:


También publica la fama
que contra Segovia tiene
el mismo intento, y que viene
marchando hacia Guadarrama.
CONDE:


A manos de Amor he muerto,
y no temo a Marte ya.
FINEO:

El rey dicen que saldrá
mañana a ocupar el puerto, para impedirles el paso
a las moriscas banderas.
CONDE:

¡Ah, Teodora! Si supieras
cuán ciegamente me abraso!
FINEO:


(Al fin es vana intención,        [Aparte]

tocando una y otra historia,
divertir de su memoria
la enamorada pasión.)Mas, ¿qué luces son aquéllas
que en el valle resplandecen,
y exhalaciones parecen
en el curso, si no estrellas? [Hablan VILLANOS, dentro; después, Sale don FERNANDO]

VILLANO 1:

¡A la quinta!
VILLANO 2:

¡Al valle!
VILLANO 3:


¡Al prado! [Sale don FERNANDO con la espada quebrada, huyendopor el campo]

FERNANDO:

(¡Cielo santo! ¿Dónde iré?        [Aparte]

¿Cómo librarme podré,
de tanta gente cercado?Imposible es resistir;
que me ha llegado a faltar
la espada para esperar,
y el aliento para huír.) [Entra en el enverjado]
Si hay en vosotros piedad,
si noble sangre os anima,
si ajeno mal os lastima,
a un desdichado amparad.
CONDE:


¿Quién sois?
FERNANDO:

Si tenéis valor,
basta ser un perseguido
de mil contrarios, que os pido
contra su furia favor.Si habéis de hacerlo, mirad
que airados y temerarios
se acercan ya mis contrarios.
CONDE:

En esa quinta os entrad;que yo os libraré.
FERNANDO:

Yo espero
que seréis sagrado mío.
Sin saber de quién, me fío,
por ser el lance postrero. [Éntrase. Salen el BANDOLERO 1, el VENTERO yVILLANOS, con armas y hachones de paja, que sacan a TEODORA atada]

VENTERO:

O la tierra lo ha tragado,
o en esta quinta se esconde. [Entran en el enverjado]

CONDE:

Aguardad.
VENTERO:


¿Quién es? [Asómase don FERNANDO a una ventana de la quinta]

CONDE:


El conde.
FERNANDO:

(¡Hay hombre más desdichado!
       [Aparte]
En manos de mi enemigo
he dado.)
CONDE:


¿Es Celio?
BANDOLERO 1:

Señor,
Celio soy, que al tejedor
con toda esta gente sigo.Con Teodora le traía
preso; y haciendo pedazos
en esa venta los lazos,
que Alcides no rompería,y sacando de la cinta
la espada a un huésped, hiriendo
y matando, escapó huyendo;
y si no está en esta quinta,es cierto que se ha librado.
CONDE:

¿Y Teodora?
BANDOLERO 1:


Vesla aquí.
FERNANDO:

(Todo el infierno arde en mí.)        [Aparte]

CONDE:

(Pues la palabra que he dado,        [Aparte]
le cumpliré al tejedor;
que soy noble; y pues alcanza
a Teodora mi esperanza,
ni mi amor ni mi rigorle quieren dar más castigo.)
Él, sin ser visto de mí,
no ha podido entrar aquí.
Quede Teodora conmigo,y proseguid en buscarle.
BANDOLERO 1:

Vamos.
VENTERO:


A fe de ventero,
de no dar a pasajero
vino puro antes de hallarle. [Vanse el BANDOLERO, el VENTERO y los VILLANOS]

CONDE:


Llega; que ofendido estoy,
Teodora, de que estos lazos
presuman prender los brazos
cuyo prisionero soy.
FERNANDO:

(¿Qué haré sin armas, celoso,        [Aparte]

y en poder de mi enemigo?
Que aunque se mostró conmigo
tan noble, humano y piadosoen ocultarme a la gente
que me sigue, ya cumplió
la palabra que me dio;
y agora temo que intentesus venganzas en mi vida,
y en Teodora mis agravios.
CONDE:

Mueve los hermosos labios;
no te muestres ofendidade que te adore... Y advierte
que está en mi poder tu amante;
y si resistes constante,
te he de obligar con su muertea olvidarle y a quererme;
y que al fin, para vencer,
la fuerza me ha de valer,
si no puede amor valerme.Llama al tejedor, Fineo.
FERNANDO:

(Esto es hecho.)        [Aparte]
[Quítase de la ventana don FERNANDO, yéntrase en la quinta FINEO]

TEODORA:

(¡Ay, dueño mío!        [Aparte]

No librarte es desvarío
del peligro en que te veo.Líbrete yo; que después
sabré morir resistiendo.)
No pienses, conde, que ofendo,
con el silencio que ves,a la estimación debida
a tu amor y tu grandeza;
antes viendo mi bajeza,
avergonzada y corridade no haber antes tu amor,
como era justo, pagado,
y de haberte despreciado
por un bajo tejedor,negaba a la boca el pecho
atrevimiento de hablarte.
CONDE:

Si ya merezco ablandarte,
obligado y satisfechode tu resistencia estoy,
pues ella misma la gloria
aumenta de la vitoria.
TEODORA:

No lo dudes, tuya soy. [Sale don FERNANDO, custodiado por FINEO y otros CRIADOS]

FERNANDO:

¡Tal escucho! ¡Ah, vil mujer!
¡Ah, múdable! ¡Ah, fementida!
CONDE:

No la injuries, si la vida
también no quieres perder.De la gente que venía
siguiéndote, prometí
librarte. Ya lo cumplí;
y si agora tu osadíala ofende o me ofende, piensa
que puedo, sin quebrantar
mi palabra, ejecutar
el castigo de mi ofensa. [FINEO habla aparte a los CRIADOS]

FINEO:


Estad todos con cuidado;
que es demonio el tejedor.
FERNANDO:

¿Qué nobleza, qué valor
muestra el haberme libradode mis contrarios, si aquí
deslustras ya esa piedad,
y ejecuta tu crueldad
más fiera venganza en mí?¿Qué alabanza solicitas
de la fe que me cumpliste,
pues si la vida me diste
el alma en cambio me quitas?Mas no de ti; fementida,
de ti me quiero quejar.
TEODORA:

(Temo que le ha de costar
       [Aparte]

el injuriarme la vida.)Necio, dí. ¿Qué confïanza
te ha dado a entender jamás
que yo no estimase más
cumplir la justa esperanzadel conde, que ser constante
a la fe de un tejedor?
¿Tan ciega estoy de tu amor,
que a un gran señor, que es Atlanteen que estriba dignamente
el peso de esta corona,
prefiera la vil persona
de un bandido delincuente?Conócete, presumido;
confïado, vuelve en ti;
que el seguirte yo hasta aquí,
no amor, sino fuerza ha sido.Y así el furor que te anima
sólo fabrica tu daño.
Goza, pues, del desengaño,
y como a prenda me estimadel conde ya, o -- ¡vive el cielo! --
si me vuelves a injuriar,
que yo misma he de manchar
de tu infame sangre el suelo!
FERNANDO:

¡Tal escucho!
CONDE:

¡Que merezco
tan gran favor de tus labios!
FERNANDO:

Ya con tan fuertes agravios
mi misma vida aborrezco.Empieza a matarme, fiera;
que ya yo empiezo a ofenderte,
y alegre aguardo la muerte,
como injuriándote muera.¡Víl, infame!
CONDE:

El sufrimiento
me falta ya. ¡Muera! [Sacan las espadas]

TEODORA:

¡Conde,
tente! Que no corresponde
a tu grandeza ese intento;que en un rendido manchar
tu acero no es honra tuya;
y para más pena suya,
yo misma le he de matar. [A un CRIADO]
Dame esa espada.
FERNANDO:

¡Ah, enemiga!
¡Cielo santo!, ¿para quién
guardáis los rayos? [Toma TEODORA la espada a un criado, dirígesea don FERNANDO como para herirle, y le entrega la espada]

TEODORA:

Mi bien,
tómala, y porque no siga mis medrosos pies el conde,
la puerta defiende en tanto
que en su tenebroso manto
la noche negra me esconde. [Huye]

CONDE:


¡Ah, engañadora!
FERNANDO:

¡Huye, honor
de mujeres!
CONDE:

¡Muera, muera!
¡Y seguidla!
FERNANDO:

Si no fuera
el que suele mi valor,la pudiérades seguir,
matándome a mí primero.
Por la punta de este acero
al campo habéis de salir.
CONDE:


Furia del infierno es.
FERNANDO:

Presos habéis de quedar;
el paso he de asegurar
con las manos a los pies. [Mételos a cuchílladas, cierra laverja y vanse. Salen GARCERÁN, CAMACHO, CORNEJO,JARAMILLO y BANDOLEROS]

GARCERÁN:

Soldados, marchad apriesa.
Agora, amigos, agora
de nuestro agradecimiento
den testimonio las obras.
Vuestro capitán va preso,
a cuyo valor deudoras
son las más de vuestras vidas
del libre estado que gozan.
Agora, pues, a la suya
las sacrifiquemos todas,
porque a la ley de amistad
como deben corresponda.
Apresuremos el paso;
que antes que llegue a Segovia,
espero restituírlo
a la libertad preciosa.
CORNEJO:

¡Vive Dios, que hemos de entrar,
aunque la corte se ponga
en arma, a la cárcel misma
si la suerte rigurosa
impide que le alcancemos!
GARCERÁN:

Entre las obscuras sombras
viene pisando la falda
de la sierra una persona.
CORNEJO:

Un hombre es solo y a pie.
JARAMILLO:

Llamémosle, pues que importa
informarnos de él si viene
por ventura de Segovia. [Sale TEODORA]

TEODORA:

(¡Ay de mí! Perdida soy.)
       [Aparte]

GARCERÁN:

Hombre, no huyas, reporta
el receloso temor
y la turbación medrosa,
y dinos si has encontrado
y adónde llegará agora
la gente que lleva preso
al tejedor de Segovia.
TEODORA:

¿Engáñame mi deseo,
o es Garcerán?
GARCERÁN:


¿Es Teodora?
TEODORA:

Teodora soy.
GARCERÁN:


Pues, ¿qué es esto?
¿Cómo vienes libre y sola?
¿Qué hay de Pedro?
TEODORA:

Hacia la quinta
que al pie de la sierra borda
ese arroyo, que en las peñas
hace del cristal aljófar,
caminemos; que por dicha
vuestro socorro le importa;
y refiriéndoos iré
en el camino su historia.
GARCERÁN:

Vamos apriesa. Mas dinos
si queda libre. [Don FERNANDO habla desde dentro]

FERNANDO:

¡Teodora!
Dentro
TEODORA:

¡Ay, cielos! Su voz es ésta.
FERNANDO:

¡Teodora!
Dentro
TEODORA:


¡Suerte dichosa!
¡Libre está! ¡Pedro!
GARCERÁN:

Otra vez
le llama, porque conozca
tu voz y siga sus ecos.
TEODORA:

¡Pedro!
CORNEJO:


Ya de entre las rocas
sale al camino.
GARCERÁN:


Llegad;
que aquí vuestra escuadra toda
os aguarda. [Sale don FERNANDO]

FERNANDO:


¿Es Garcerán?
GARCERÁN:

Y vuestra gente.
FERNANDO:

¿Y Teodora?
TEODORA:

Dame los brazos.
CAMACHO:

Y a todos
los que en tu dicha se gozan.
GARCERÁN:

Supimos de un pasajero
que os llevaban a Segovia
presos, y juntando al punto
vuestra cuadrilla animosa,
partimos en vuestro alcance.
FERNANDO:

Mi valor me dio vitoria
de aquellos traidores viles,
que con industria alevosa
me prendieron; y después
me dio la vida Teodora,
honor de su patria, afrenta
de las romanas matronas.
Al conde y a sus crïados
dejo encerrados agora
en la quinta por defuera.
Amigos, si en la memoria
tenéis lo que os he servido,
en esta ocasión me importa
que vuestro agradecimiento
en los efetos conozca.
GARCERÁN:

La prevención es agravio,
la duda ofensa notoria,
para quien la vida os debe.
CAMACHO:

No hay aquí quien no se oponga
por vos a la muerte misma.
CORNEJO:

Todos por vos se conhortan
a dar guerra al mismo infierno.
JARAMILLO:

Prueba tu gente animosa.
FERNANDO:

Seguidme, pues.
GARCERÁN:

¿Dónde vamos?
FERNANDO:

A hacer que el mundo conozca
el valor que esconde el pecho
del tejedor de Segovia. [Vanse. Salen el CONDE y FINEO]

CONDE:


Mal reposa un agraviado,
mal sosiega un ofendido;
de avergonzado y corrido
no ha permitido el cuidadoa mis ojos un momento
de sueño. ¡Que pueda tanto
un hombre vil! ¡Cielo santo!
De tener vida me afrento.
FINEO:


Toda la noche, señor,
sin reposar has pasado.
CONDE:

¡Ojalá que hubiera dado
fin a mi vida el dolor!¡Ojalá, cuando me veo
de un vil tejedor vencido,
mi vida hubiera dormido
el postrer sueño, Fineo!¡Que una mujer me engañase!
¡Que un hombre vil me venciese!
¡Que en mi poder le tuviese,
y la ocasión no gozase! ¡Ah, cielo airado y crüel!
Si os ofende nombre igual,
dadme ya el último mal,
y os diré piadoso en él.¡Hoy me matad, cielos! ¡Hoy
me matad! Haz prevenir
caballos en que partir
a la corte, pues estoyobligado a acompañar
al rey, que hoy parte a la sierra. [Vase FINEO]

¿Qué hazañas hará en la guerra?
¿Qué moros ha de matarun hombre, cuyo valor,
con ventaja tan notoria,
no pudo llevar vitoria
de un humilde tejedor? [Sale CHICHÓN, entrapajada la cabeza, conbáculo, y macilento]

CHICHÓN:

A besar llega tus pies
la sangrienta calavera
de tu crïado. Pondera
cuál me viste, y cuál me ves por cumplir tus intenciones.
CONDE:

¡Chichón!
CHICHÓN:


Ya puedes pasar
al plural del singular.
Llámame, señor, chichones.Preso el tejedor y presa
Teodora, se desató
por ensalmo, y empezó
a matarnos tan apriesalas pulgas, que los venteros,
de sangre de mis costillas
dieron en hacer morcillas
que coman los pasajeros. [Sale FINEO]

FINEO:


Perdidos somos, señor;
que un gran escuadrón de gente
mascarada y diligente
ha cercado alrededorla quinta, y poniendo guardas
a las puertas, con violento
furor viene a tu aposento.
CONDE:

¿Qué temes? ¿Qué te acobardas? A mí, ¿quién se ha de atrever? [Salen don FERNANDO, GARCERÁN, doñaANA y BANDOLEROS, con máscaras]

GARCERÁN:

Aquí está el Conde.
CHICHÓN:

(Sin duda
       [Aparte]

es el tejedor. ¡Ayuda,
cielos! Quiérome escondertras de la cama del conde.
¡Aquí pagaréis, Chichón!
Tarde o presto, a la traición
el castigo corresponde. [Escóndese]

CONDE:


Hombres, ¿quién sois? ¿Qué queréis,
que con tal loca osadía
el respeto y cortesía
a mi grandeza perdéis?
FERNANDO:

No admiréis mi atrevimiento;
que yo aquí para con vos
de la justicia de Dios
soy tan humano instrumento.Y aunque vale tanto el nombre
que os da el mundo, viene a ser,
en queriéndole ofender,
el mayor señor un hombre. ¿Conocéis esta villana?
CONDE:

Bien la conozco.
FERNANDO:

¿Sabéis
que es esta mujer, que veis
en traje humilde, doña AnaRamírez, cuyo linaje
es igual, si no mejor,
que el vuestro, y que vuestro amor
la disfraza en este traje,dando a sus prendas, perdidas
por ser en vos empleadas,
esperanzas engañadas
y promesas mal cumplidas?
CONDE:


¿Yo a doña Ana?
FERNANDO:

Yo no espero
aquí vuestra confesión;
que plenaria información
basta a mover el acero.Dadle, pues, conde, al momento,
la mano que le debéis,
o a vuestro suplicio haréis
teatro de este aposento. [FINEO habla aparte al CONDE]

FINEO:


Sin duda es el tejedor
en la voz; y pues es vano
resistir, dale la mano.
Libra tu vida, señor,del gran peligro que ves;
pues siendo obligado a ello
con violencia, el deshacello
será tan fácil después.
CONDE:


Bien dices. Llega, doña Ana;
que felizmente se emplea
en ti mi mano. No sea
tan justa esperanza vana.
ANA:


Bien sabes, conde y señor,
que cuando no te obligara
tu palabra y fe, bastara
a merecerte mi amor.
CONDE:


A tu fineza es debida
tan justa correspondencia.
(¡Ah, enemiga, esta violencia        [Aparte]

me pagaréis con la vida!) [Danse las manos]
Mi mano es ésta; ya soy
tu esposo.
ANA:

Y yo venturosa,
pues doy la mano de esposa
a quien vida y alma doy.
FERNANDO:

Dejadnos solos agora;
que al conde tengo que hablar.
FINEO:

(¿Más queda que averiguar?)        [Aparte]

CONDE:

(Por ti, enemiga Teodora,
       [Aparte]
vengo a tan pesado lance.
ANA:


(Pedirle querrá sin duda
       [Aparte]

que con el rey le dé ayuda
para que perdón alcance;mas no le hubiera ofendido
si esta fuera su intención.
En medrosa confusión
llevo anegado el sentido.) [Vanse todos, menos el CONDE y el tejedor donFERNANDO, que cierra las puertas]

CONDE:


(No espere suerte mejor
       [Aparte]

quien desenfrenado yerra.
Una y otra puerta cierra
por de dentro el tejedor.Al cielo tiene enojado
mi soberbio pensamiento,
pues con tal vil instrumento
mi altivez ha derribado.)
FERNANDO:

Conde, ¿conocéisme? [Descúbrese]

CONDE:


Sí,
y en vuestro valor osado,
antes de haberos quitado
la máscara, os conocí.
FERNANDO:

¿Quién soy?
CONDE:

Sois el tejedor
Pedro Alonso, no me olvido.
FERNANDO:

Aún no me habéis conocido.
Miradme, conde, mejor.
CONDE:


Por lo que decís, pensara,
si pudiera ser, mirando
el retrato de Fernando
Ramírez en vuestra cara,que érades él.
FERNANDO:

Sí soy, conde.
CONDE:

¡Válgame Dios! Si ofendido
de mí el cielo, ha permitido
que del sepulcro que escondevuestro cadáver helado,
que yo mismo vi enterrar,
os levantéis a vengar
vuestra hermana, ya he pagadola deuda, y cobró su honor
con la mano que le di.
¿Qué más pretendéis de mi?
FERNANDO:

No quiero que mi valordeslustréis, atribuyendo
a milagro soberano
las hazañas de mi mano;
y aunque justamente entiendoque es el cielo quien ordena
que yo os castigue, no estoy
muerto, conde; vivo soy,
y ha de ser de vuestra penami valor el instrumento.
CONDE:

¿Cómo es posible? Yo mismo
os vi entregar al abismo
de un obscuro monumento.
FERNANDO:

Engaño fue, no verdad;
y porque no le quitéis
la gloria que le debéis
a mi valor, escuchad.Seis años ha que el diente venenoso
de la infernal envidia, que derrama
furia mortal y tósigo rabioso
contra el valor, virtud, nobleza y fama,
a mi padre se opuso, que dichoso
fue mariposa a la luciente llama
de la gracia del rey, pues halló en ella
o la causa de perderse y de perdella.La enemistad, la emulación y el miedo
que en sus contrarios la privanza cría,
pues ni mi padre pudo ni yo puedo
faltar a la lealtad y sangre mía,
con el moro Celián, rey de Toledo,
a mi padre imputaron que tenía
trato alevoso; y la malicia pudo
vencer de la verdad el fuerte escudo.Rindió el cuello inocente al vl suplicio
el alcaide leal, y quiso el cielo
que pretendiendo por el mismo indicio
manchar de mi inculpada sangre el suelo,
para ocultarme al capital jüicio
me prestase el temor alas, y velo
la sacra habitación de Martin santo;
que aun duran las piedades de su manto.Sabiendo, pues, alli que de mi hermana
era vuestro cuidado la belleza,
porque no la obligase a ser liviana,
conde, o vuestro poder o su flaqueza,
la quise atosigar; mas a doña Ana
preservó la piedad o la destreza
del que el veneno fabricó; de suerte
que fingiendo morir, huyó la muerte.Sólo restaba hurtarme a la amenaza
y al golpe fiero de mi suerte dura,
y la necesidad me dio una traza
si bien horrible, por igual segura;
que cuando en sueño más profundo enlaza
al viviente mortal la noche obscura,
dándome mi temor atrevimiento,
doy a la ejecución mi pensamiento.A una bóveda llego, en que escondía
despojos de la muerte el templo santo;
la fuerza aplico, y una losa fría,
puerta del hondo túmulo, levanto.
Entro, y tentando por la cueva umbría,
poco diversa al reino del espanto,
saco de su ataúd un cuerpo helado,
la misma noche en él depositado.La mortaja quité al cadáver yerto,
y púsele mi propria vestidura;
y para que no fuese descubierto
mi engaño, le deshice la figura
del rostro con heridas; y así el muerto
traslado de su quieta sepultura
a la calle, y mi planta el campo pisa
con sola su mortaja por camisa.Hallando, pues, el sol el cuerpo frío
con mis vestidos, llaves y papeles,
que en publicar que era el cadáver mío
fueron tenidos por testigos fieles,
voló la fama, y el desastre impío
enterneció los pechos más crüeles,
y dándole en la tierra el común puerto,
se asentó la opinión de que soy muerto.Yo, fugitivo, en curso acelerado
a Guadarrama caminé, y fingiendo
que he sido de ladrones salteado,
a la piedad cristiana me encomiendo
del cura del lugar, que lastimado
de mi desdicha y desnudez, pidiendo
limosna al pueblo, me compró un vestido,
con que a Segovia parto agradecido.Y antes de entrar en ella, despojado
de la barba, mi rostro desfiguro;
si bien antes la pena y el cuidado
me dio la nueva forma que procuro;
Pedro Alonso me nombro, y obligado
de la necesidad, su imperio duro
y mis desdichas evité sirviendo
a un tejedor, cuyo ejercicio aprendo.Seis veces las corrientes del Oronte
en hielo convirtió la invernal bruma,
y la cabeza de ese altivo monte
ornó la nieve de rizada espuma,
mientras gozaba yo en este horizonte
suma felicidad y quietud suma,
como quien de la arena de este estado
miraba de ambición el golfo airado.De mi tranquilidad y mi ventura
se cansó la Fortuna, y de Teodora
tomó por instrumento la hermosura
de la tormenta en que me anego agora.
Conquisté su belleza, y con fe pura
paga el amor con que mi fe la adora.
Es noble, es bella, es firme, y yo dichoso
en la palabra que le di de esposo.En esto estaba yo, cuando los cielos
trajeron a Segovia el cortesano
tumulto, porque diese a mis desvelos
fiera ocasión vuestro poder tirano,
añadiendo a la rabia de mis celos
y al agravio feroz de vuestra mano
el de mi hermana, donde a cada ofensa
es sola vuestra vida recompensa.Ésta es mi historia, conde; y satisfecho
con esto de que vivo y es humana
la fuerza de mi brazo y de mi pecho,
o prodigio no de sombra soberana,
sustentad los agravios que habéis hecho,
y empuñando el acero, la tirana mano
se muestre aquí tan atrevida,
como contra el honor, contra la vida. [Saca la espada]

CONDE:


Siendo Fernando de doña Ana hermano,
¿mostráis contra su esposo airado brío?
FERNANDO:

Ella cobró el honor con vuestra mano,
y yo con vuestra muerte cobro el mío.
CONDE:

De vuestra afrenta el sentimiento es vano,
pues no agravió mi injusto desvarío
a Fernando Ramírez, sino a un hombre,
tejedor en oficio y Pedro en nombre.
FERNANDO:

Éste es el rostro mismo en que la afrenta
de vuestra injusta mano se retrata;
si al tejedor la hicistes, haced cuenta
que el tejedor, y no Fernando, os mata.
Éste es el pecho que ofender intenta
vuestro amor con mi esposa.
CONDE:


Si ella ingrata
resiste a mi afición, ¿en qué os ofendo?
FERNANDO:

Al marido se ofende pretendiendo. [Acuchíllanse, y cae el CONDE]

CONDE:


¡Muerto soy! ¡Cielo! justo es el castigo
de mis culpas. Escucha, ya que muero.
Yo contra ti y tu padre fui testigo;
falso, Fernando, fui, no verdadero.
Orden fue de mi padre; que conmigo
y con él de la envidia el rigor fiero
tan grande fue; perdonáme, pues eres
cristiano, y muero. [Muere]

FERNANDO:

Perdonado mueres. [Vase. Sale CHICHÓN de donde ha sido escondido]

CHICHÓN:

Ya ha pasado la tormenta,
si doy crédito al silencio.
Quedito. ¿Si ya se fue
el tejedor caballero?
¡Bravas cosas he sabido!
¡Válgate el diablo por Pedro!
¿Que eres Fernando Ramirez?
Por Dios, que lo dije luego,
que tejedor tan valiente
ocultaba algún secreto.
¡Ah, conde! Como un atún
está tendido en el suelo.
Pero la llave le ha echado
por de fuera al aposento.
¡Triste de mí! ¿Qué he de hacer,
encerrado con un muerto?
¡Qué gustosa compañía!
Temblando estoy. Yo confieso
que fui siempre con los vivos
gallina; mas con los muertos
soy un tátaragallina.
Por esta ventana quiero
descolgarme. Ya la turba
de los salteadores fieros
hacia la sierra camina.
De las sábanas del lecho
del triste conde podré
hacer escalas al viento;
que hay tan mal olor aquí,
que me atafago y mareo;
aunque no sé de los dos
cuál huele mal, yo o el muerto. [Vase. Salen don FERNANDO, GARCERÁN,CAMACHO, CORNEJO y BANDOLEROS. Dentro ruído de batalla]

FERNANDO:

Ésta es la ocasión, amigos,
en que justamente espero
que adore un honroso fin
todos los pasados yerros.
Vitorioso el berberisco,
sigue el alcance, y los nuestros
sin orden ya se retiran;
por mil valemos los ciento
en la sierra, donde estamos
ejercitados y diestros,
acometamos en orden,
y la fuga reparemos
de los castellanos. ¡Ea!
Al rey, a la patria, al cielo,
a quien viviendo ofendimos,
obliguemos hoy muriendo.
GARCERÁN:

Con tan valiente caudillo
y con tan honrado intento,
será un rayo cada brazo,
y una peña cada pecho.
CORNEJO:

¡Acomete, capitán,
que todos te seguiremos!
CAMACHO:

¡Restauremos lo perdido!
JARAMILLO:

¡Acometamos! ¡A ellos! [Pónense las máscaras. Salen el REY yel MARQUÉS, armados, con las espadas desnudas]

MARQUÉS:

¡Toma un caballo, señor,
y salva tu vida!
REY:

¡Ah, cielos!
¡Defended la causa mía,
pues yo la vuestra defiendo!
FERNANDO:

¡Volved, volved, castellanos;
que no los moros, el miedo
es quien os vence y os sigue!
¡Volved! ¡Santïago! ¡A ellos! [Vanse don FERNANDO y los suyos]

REY:


¿Qué escuadra es ésta, marqués,
que con los rostros cubiertos,
valerosamente embiste
contra el campo sarraceno?
MARQUÉS:

Favor al cielo has pedido,
y te da favor el cielo.
REY:


¡Volved, soldados, volved!
¡Cobren los heroicos pechos
la reputación perdida!
MARQUÉS:

¡Ya sube el moro sangriento
huyendo por los peñascos,
por donde bajó siguiendo!
REY:


¡Embestid, marqués, volved
por mi honor y por el vuestro,
pues por vos y vuestro hijo,
que en un lance tan estrecho
se ha ocultado, os obligastes
a pelear!
MARQUÉS:


Sabe el cielo
que estoy de haberle engendrado
tan corrido, que deseo
morir por no verle vivo,
y vivir por verle muerto.
REY:


Partid; que yo, de cansado,
llamas doy en vez de aliento,
y sobre esta dura peña
con la vitoria os espero.
SOLDADOS:

¡Vitoria! ¡Castilla!
Dentro
REY:


¡Gracias
os hago, Señor inmenso,
que de las piedades vuestras
el tesoro habéis abierto! [Vase. Sale CHICHÓN, con la espada desnuda]

CHICHÓN:

Agora que por la sierra
suben los moros huyendo,
seguro podré salir
de entre las peñas, y quiero
participar de la gloria
de los vencedores. ¡Perros!
¿De perros os volvéis liebres?
¡Aguardad; que quiere haceros
Chichón a todos chichones! [Salen el MARQUÉS, herido, don FERNANDO,acuchillándole]

MARQUÉS:

¿Quién eres, hombre? ¿Qué es esto,
que después de haber vencido
los moros, el fuerte acero
contra los cristianos vuelves?
FERNANDO:

Sólo contra ti lo vuelvo.
Fernando Ramírez soy... [Sale el REY, y quédase retirado escuchando]

REY:


(¡Qué escucho!)        [Aparte]

FERNANDO:

A quien quiso el cielo
dar vida porque mostrase
las lealtades de mi pecho,
dándole vitoria al rey,
y a ti el castigo sangriento
de los injustos agravios
que a mi padre y a mi has hecho.
REY:


(¡Misterios del cielo son!
       [Aparte]

No quiero oponerme al cielo.
CHICHÓN:

(El tejedor al marqués
       [Aparte]

le está dando pan de perro.) [El MARQUÉS se cae]

MARQUÉS:

¡Muerto soy! ¡Tente, Fernando,
y pues ya muero, confieso
que a ti y a tu noble padre
la vida y honor os debo!
Testimonio os levanté,
de la envidia vil efeto.
REY:


¡Basta, Fernando; detén,
pues lo confiesa, el acero!
FERNANDO:

¿Tu majestad lo ha escuchado?
Con eso estoy satisfecho,
y con que su hijo el conde
ha confesado lo mesmo.
CHICHÓN:

De ello soy testigo yo;
que debajo de su lecho,
lo que refiere Fernando,
le vi confesar muriendo.
FERNANDO:

Yo, señor, le di la muerte
por agravios que me ha hecho,
que su injusta tiranía
me obligó a ser bandolero.
Por él y su padre el mio
manchó el teatro funesto,
y yo con astuto engaño
libré mi vida, poniendo
mis vestidos a un cadáver,
con que mi muerte creyeron.
Quitó el honor a mi hermana,
y a mi esposa pretendiendo,
porque lo impedi, en mi rostro
imprimió los cinco dedos.
Humilde pongo a tus pies
la cabeza, si merezco
pena cuando, siendo noble,
tan justamente me vengo.
REY:


Fernando, a vuestro valor
y al de vuestra gente debo
la vitoria que hoy alcanzo;
y cuando fueran los vuestros
delitos, y no venganzas
tan justas, os diera, en premio
de hazaña tan valerosa,
en mi gracia el lugar mesmo
que os quitó la envidia. Lleguen
vuestros soldados, que quiero
conocerlos y premiarlos. [Salen GARCERÁN, CAMACHO, CORNEJO, JARAMILLO,y BANDOLEROS]

GARCERÁN:

Todos, gran señor, ponemos
a vuestros pies estas vidas,
que leales os sirvieron.
REY:


Todos quedaréis premiados
de vuestros heroicos hechos.
Mas decid, Fernando, ¿vive
vuestra hermana?
FERNANDO:

En ese pueblo
traje aldeano la oculta
pero ya con el contento
de la vitoria se acercan
los villanos, y con ellos
mi hermana y mi esposa, a daros
la norabuena. [Salen TEODORA, doña ANA y VILLANOS]

ANA:

Lleguemos
a besar los pies al rey.
FERNANDO:

Llega, esposa; que ya el cielo
dio fin a nuestras desdichas,
y a tus firmezas el premio.
Llega, hermana, y a su alteza,
por la merced que me ha hecho,
besa las reales plantas.
TEODORA:

Humildes besan el suelo
que honran tus pies nuestros labios.
REY:


Alzad; que honraros deseo,
por esposa y por hermana
de Fernando.
FERNANDO:


Y yo con eso,
lo que ofrecí tejedor,
cumpliré, Teodora, siendo
Fernán Ramírez, pues eres
de noble sangre, y les debo
la mano, el honor y vida
a tus firmes pensamientos.
Y vos, Garcerán, pues ya
veis sin mancha el claro espejo
de mi honor, y el de mi hermana
quedó restaurado siendo
su esposo el conde, la mano
le dad, si acaso os merezco
por cuñado.
GARCERAN:


Si doña Ana
quiere premiar mis deseos
será colmada mi dicha,
pues gano en un punto mesmo
el más verdadero amigo
y el más valeroso deudo.
ANA:


Bien merece tanto amor
la mano y alma.
CHICHÓN:

Y con esto
puede Fernando en albricias
darme perdón de mis yerros.
FERNANDO:

Yo los perdono, con ser
tan grandes, por ver si puedo
obligar así al senado
a que perdone los nuestros.

FIN DE LA COMEDIA